Duelo infantil. ¿Cómo afrontar una pérdida?

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DUELO INFANTILUn proceso de duelo puede definirse como un recorrido de adaptación emocional ante una pérdida. Cada uno toma su tiempo para asimilar el dolor, comprender lo sucedido, adaptarse a los cambios, curar el sufrimiento y afrontar una nueva etapa vital.

En ocasiones, las circunstancias no lo ponen fácil para hacer frente a todos estos aspectos, de manera que el proceso de duelo infantil queda interrumpido o se alarga hasta que aflora ante otra situación vital crítica. Dedicarle atención y tiempo permitirá cicatrizarlo y convivir con ello de manera más tranquila.

El tempo de los cambios emocionales es más lento que la veloz avalancha de pensamientos de nuestra mente humana. Y en circunstancias dolorosas, puede acelerarse todavía más cuando aparece la ansiedad, o bien alguna idea obsesiva que de repente se aferra ante la confusión del momento.

Dejar fluir esos pensamientos ayudará a descansar, algo primordial para dar el primer paso hacia adelante. Y compartir los sentimientos aliviará el dolor, aunque cada uno tendrá su manera personal de exteriorizarlos.

En el caso del duelo infantil, muchos se remiten a planteamientos del Método Montessori: realizar un acompañamiento a través de los principios básicos de observación, respetar el ritmo y proceso de cada niño y, en definitiva, ofrecerle espacios para compartir, escuchar y abrazarle.

Los expertos en psicología evolutiva y en procesos de duelo recomiendan la participación de los niños en los rituales de despedida de un ser querido, incluso advierten que no hacerlo puede suponer un impedimento en el proceso de aceptación que, al igual que los adultos, los más pequeños también necesitan elaborar. Sin embargo, existe un debate abierto sobre la participación de los niños en los funerales con opiniones que defienden posturas opuestas: hay quien prefiere protegerles y apartarles de esta experiencia hasta que sean más mayores.

Para tener mayor orientación, hay factores a tener en cuenta como la edad cronológica del niño, su capacidad de comprensión y madurez emocional:

Antes de los 3 años, difícilmente comprenden la irreversibilidad de la muerte ni los rituales de despedida. Será importante explicarles con palabras sencillas que ya no volverán a ver a su ser querido.

Entre los 3-6 años entienden que la muerte es algo grave pero muchos suelen confiar en que puede ser reversible, en un pensamiento aún mágico y fantasioso. Debido a que aún se encuentran en una etapa bastante egocéntrica, pueden aparecer culpabilidades que será importante que disipemos con claridad, explicando que la persona ha muerto porque su cuerpo no puede seguir funcionando. Al comunicar la noticia, ayudará a su mejor comprensión evitar frases hechas como “hemos perdido” o “se ha ido”.

Entre los 6-9 años, su razonamiento cuenta con capacidad para establecer una causa-efecto entre la enfermedad y la muerte. Podrán tener una comprensión gradual y progresiva de lo que significa la muerte y una pérdida irreversible. Por extensión, también suelen preocuparse por si puede volver a suceder con otra persona cercana. Diferenciar entre enfermedades comunes como un resfriado y otras enfermedades que pueden causar la muerte y explicar que no tiene por qué suceder de nuevo a sus demás familiares les ayudará a tranquilizar dudas y miedos.

En esta edad, si se les da la opción de asistir, raramente lo rechazan y acostumbran a participar en la despedida con algún dibujo o regalando alguno de sus juguetes como muestra de afecto.

A partir de los 9 años se considera que su manera de comprender la muerte es similar a la de los adultos. Será importante transmitir que no hay una manera correcta o incorrecta de mostrar los sentimientos, llorar o no llorar…cada uno lo expresa a su manera.

En todos los casos, la recomendación es explicar lo que va a suceder, cómo será la despedida en el funeral o compartir un ritual sustitutorio. Y una vez se superen los primeros días, seguir atentos a abrir espacios de diálogo para que puedan expresarse libremente, al mismo tiempo que ofrecemos proximidad emocional para elaborar un proceso de aceptación con tranquilidad y acompañamiento.

Cristina Ramírez

Psicóloga sanitaria Col.11230

https://www.happysoul.cat

Psicólogo familiar

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