¿Diagnósticos, o “etiquetas”?

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Diagnósticos o etiquetasEs muy frecuente atender a padres que acuden a consulta porque no saben qué le ocurre a su hijo. Es posible que hayan recibido una alerta por parte del colegio o, bien, que ellos mismos piensen que algo no funciona en relación con su hijo.

A partir de ese momento se inicia la búsqueda de posibles soluciones y se tranquiliza a los padres, quienes normalmente buscan una palabra que defina lo que le sucede a su hijo. Hay ocasiones en las que los diagnósticos o las etiquetas no resuelven la situación; puesto que las dificultades o problemas que se presentan responden a una variedad y a un conjunto de alteraciones que será difícil clasificar y tratar por separado. En este ámbito, podemos incluir los diagnósticos con TDA(H), dislexia, déficits en la adquisición del lenguaje, problemas del habla que vinculamos a logopedia, TEL, Asperger, disortografía, discalculia, trastornos de la personalidad y una lista interminable.
Todo tratamiento, intervención o técnica terapéutica debe ir precedido de un buen diagnóstico, evaluación o prueba. Ese paradigma es tan sólido como que el éxito o fracaso del tratamiento efectuado en la mayoría de las veces está justificado en un correcto o incorrecto diagnóstico. Es decir ante un mal diagnóstico se realizará una intervención inadecuada y por lo tanto nuestro hijo no presentará mejoría.
Debe tenerse muy presente que en todo diagnóstico hay un componente subjetivo por parte del evaluador, aún en aquellas pruebas que tiene un alto componente instrumental que presupone medidas imparciales.
Este componente subjetivo hace imprescindible que el examinador conozca en profundidad y de primera mano las características del niños, los rasgos de su personalidad e historial previo, y  que dentro de lo posible se forme un cuadro de LA PERSONA que examinará a fin de valorar la información aportada por el examen, en el contexto de ESA PERSONA.
Es importante tener presente que un diagnóstico es el punto de partida de un proceso terapéutico. Los sucesivos controles a lo largo del tratamiento nos indicarán la evolución del mismo.
Entendido esto, debemos entender el diagnóstico como el principio de una película y no como una foto. El niño mejorará (o no) y deberemos ir reajustando nuestra intervención y técnica.
Cuando dicho diagnóstico se toma como simple información se transforma en una etiqueta, en un rótulo que identifica al niño como…  y la etiqueta elegida.
Esta etiqueta se transforma entonces en un techo, en un condicionamiento que limita el desempeño del niño en una o más áreas de su persona.
Se toma esa etiqueta como una realidad fáctica e irremediable y con ese preconcepto es recibido en otros colegios o gabinetes, donde es tratado en función de ese “ANTECEDENTE”. Y de este modo, la etiqueta desvalorizante, condicionante y estigmatizante entre sus compañeros y profesores condiciona definitivamente cualquier tipo de progreso o mejoría.
Así pues y a modo de conclusión:
  • Ante ciertas dificultades de nuestros hijos no debemos dejarnos influir ante la vasta información de Internet ni tomar conclusiones precipitadas.
  • En caso de tener la certeza de ese problema o dificultad, es conveniente comentarlo con los profesores, pues son ellos quienes pasan un gran número de horas con nuestros hijos.
  • Una vez decidido que es preciso un diagnóstico optar por un equipo o centro que pueda realizar un estudio completo de la persona. Se trata de no solo obtener unas medidas en relación a su inteligencia, velocidad lectora y un infinidad de ítems que se mesuran con un porcentaje. Se trata también de conocer su estado emocional , cómo se siente, como se ve. Porqué en definitiva si estos aspectos están “tocados” la intervención deberá empezar por ese aspecto y así poder ayudarlo a superarse.
  • No es para nada conveniente explicarle al niño con detalles su diagnóstico. Otra cosa diferente es explicarle a grandes rasgos porqué tiene dificultades concretas en la escuela o conductas determinadas en casa. Hemos comprobado que en ocasiones el propio niñ@ se pondrá un muro delante, se autodefinirá con esa etiqueta, y será mucho más difícil ayudarlo para recomponer su situación pues su autoestima habrá quedado seriamente dañada.
  • La intervención una vez tenemos el diagnóstico o evaluación deberá ser consensuado con la familia y el colegio. No podemos olvidar que la interacción de ese niño se realiza con estos tres entornos. Si solo modificamos uno el resultado será más lento o quizás inexistente.

Carme Pau

Pedagoga

Colegiada 1845

Pedagogo online

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