¿Educación autoritaria o permisiva?

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¿Educación autoritaria o permisiva?Existen diferentes maneras de enfocar la educación de los hijos. Una de las más extendidas y rectilíneas es la educación autoritaria. Ejercida en entornos institucionales, se centra en la conducta para obtener la obediencia en los niños. Sin embargo, lejos de crear individuos libres, conforma personas que acatan órdenes sin sentido crítico. En el extremo opuesto, la educación permisiva practica una actitud de omisión, sin disciplina y sin límites. ¿Dónde hallamos, pues, el equilibrio?

La educación autoritaria y la permisiva son modelos educativos que conviven en la actualidad y que no logran los resultados deseados en los hijos. Repasemos sus principales características para saber por qué.

Educación autoritaria 

Los métodos más habituales en la educación autoritaria son:

  • Actitud despótica hacia el otro.
  • Uso indiscriminado de órdenes.
  • Imposición de ideas y de actos a la fuerza, sin dejar margen para el diálogo.
  • Utilizar “castigos ejemplificadores” que sirven a su vez de lección para los demás.
  • Prohibición generalizada.
  • Imposibilidad de réplica, elección y/o negociación.

¿Educación autoritaria o permisiva?Obviamente, podemos presuponer que este tipo de educación tendrá consecuencias muy directas en quienes la reciben, como pueden ser:

  • Imposibilidad de ejercitar la capacidad de crítica o de análisis. Los niños aprenderán a obedecer, pero no a pensar por sí mismos.
  • Aceptación de actitudes de miedo como el silencio, la pasividad y el “soportar”, y no aprender la empatía.
  • Involuntariamente, se produce el efecto contrario a la obediencia: la REBELIÓN.
  • Baja autoestima en los individuos con una vida interior pobre.
  • Privación a los niños de interiorizar la autodisciplina y la responsabilidad.

Todas estas características suenan en nuestra cabeza como un modelo educativo del pasado donde la obediencia se debía lograr a costa de todo. Hoy en día practicamos una educación “híbrida” que trata de abandonar las formas esenciales del autoritarismo, sin lograrlo, y que persiste en las formas verbales.

Educación permisiva

Un modelo educativo muy en boga es el permisivo. Este método respeta y reconoce los derechos de los individuos pero ejerce una actitud de omisión, sin disciplina y sin límites. Todos conocemos a niños que se convierten en “pequeños tiranos” dominantes, que consiguen doblegar la voluntad de sus padres, exigiendo que se cumplan demandas que a veces llegan a ser órdenes.

Dicho esto, uno podría pensar que lo mejor sería dejar la educación de nuestros hijos como algo más libre y acomodado al momento en cuestión. Y desde estas lineas alzo un claro NO.

A lo largo de los años de mi profesión me he encontrado con serios problemas de conducta que suelen aparecer en el colegio y que posteriormente comprobamos que se han gestado en la familia. Son desarreglos conductuales que tienen su razón de ser en la FALTA DE LÍMITES claros y que tienen como consecuencia la ausencia de empatía y la dificultad para forjar un vínculo saludable con los hijos.

¿Educación autoritaria o permisiva?Aprendamos a educar

  • La vida en familia no es una democracia. Los padres como tales velamos por nuestros hijos y en función de ello marcamos unas pautas educativas (y mal iríamos si no estuvieran). Podemos negociar algunos aspectos, en función de la edad, pero otros no.
  • No queramos resolver todos los problemas de nuestros hijos. Hay que darles espacio y tiempo para que aprendan a desarrollar la habilidad de solucionar problemas
  • Hay que saber decir un “NO” a tiempo. De este modo, le ayudaremos a afrontar sus frustaciones y a aprender a dominar sus pulsiones.
  • No utilicemos la expresión “mi hijo es así”, pues redunda en su actitud negativa. El niño es el resultado de un aprendizaje, por lo que puede aprender y, por supuesto, mejorar.

Es frecuente escuchar a padres quejarse de que a sus hijos pequeños les cuesta aceptar normas, cumplirlas sin enrabietarse y que en algunos casos agreden al padre o a la madre, primero con un ligero golpecito en el brazo, o en la espalda, y cuando queremos darnos cuenta, se nos ha ido de las manos…

En estos casos y sin casi apreciarlo iremos creciendo en una “normalidad” para nada aceptable, tolerando cada vez más un aumento en las muestras de enfado por parte del niño. Estos efectos que los vemos desde bien pequeños, en caso de no corregirlos, tendrán unas consecuencias aún peores a medida que se hacen mayores.

Por otro lado, es muy importante no dejarnos atrapar por su chantaje. Una de los principales causas de que existan los “niños tiranos” es que nuestra sociedad es cada vez más permisiva en la manera de educar.  Contempla sus derechos y olvida los deberes, que también tienen.

Cómo disminuir el autoritarismo

¿Educación autoritaria o permisiva?

  • Evitar frases del tipo “porque lo digo yo”.
  • No utilizar gritos ni largas reprimendas (llegado un punto, los niños “desconectan”)
  • No levantar la mano o el brazo como signo de pegar.
  • No utilizar amenazas ni castigos en exceso, pues al final “todo les da igual”.
  • Entrenemos la paciencia, tanto la nuestra como la de nuestros hijos. Los niños necesitan tiempo y tienen derecho a equivocarse sin ser regañados por ello.
  • Reforzar al máximo el buen comportamiento (refuerzo positivo) por pequeño que éste sea.
  • No hay límite para demostrar nuestro cariño y amor hacia ellos.

Pautas para ejercer la autoridad

  • Establecer unas normas claras y coherentes, y transmitirlas con seguridad y firmeza.
  • Cuando cuestionen tu autoridad (que lo harán…), mantente firme, no entres en discusión, pero NO cambies tu norma.
  • Es importante dejar muy claro que nuestras actitudes funcionan por acción-consecuencia. No se trata de castigar, sino de aceptar que nuestra acción tendrá una consecuencia determinada. Y nosotros, los padres, ya hemos dejado claro cuáles serán estas consecuencias. De este modo, el niño puede empezar a interiorizar y a anticiparse a los efectos que tienen sus acciones.
  • Si no se comportan de la forma deseada, no obtendrán la consecuencia agradable (y como adultos no cederemos). Lo que decimos, debemos cumplirlo.
  • Es muy importante mantener la coherencia. Lo establecido ha de ser igual para todos los días y no puede depender del cansancio de ese día, de nuestro humor, de nuestros nervios…)
  • Algunas veces, los padres podemos ceder en un aspecto para favorecer el proceso educativo. Sólo cabe tener el criterio justo y que no se confunda con “ahora sí /ahora no”.
  • Refuerza, abraza, quiere. Esto es totalmente compatible con la AUTORIDAD y con establecer normas y consecuencias. No es necesario ir con cara de malhumor por el mundo.

Seguramente se trata de ser padres que ofrecen amor y apoyo, permisivos por momentos y capaces de marcar límites claros y rigurosos de acuerdo a las edades.

Carme Pau. Pedagogo online

Carme Pau

Pedagoga

Colegiada 1845

Pedagogo online

 

 

3 Comentarios

  1. Begoña
    | Responder

    Me ha gustado mucho. Querria saber tu opinion sobre las peculiaridades de educar un PAS cada vez estoy mas convencida de que mi hijo lo es y quiero aprender a ayudarlo. Gracias

  2. Carme Pau
    | Responder

    Hola Begoña. Ante todo gracias por tu comentario.
    Educar un niño con características PAS (Persona Altamente Sensibles) requiere previamente identificar sus propias características personales puesto que no hay dos niños iguales y los matices que los diferencian son importantes. Ya sabrás por experiencia como madre que tienen un nivel emocional muy alto lo cual tiene sus ventajas e inconvenientes. Pueden establecer empatía fácilmente, o percibir actuaciones que a muchos de nosotros nos pasarían por alto. Pero también sufren las situaciones de una forma más intensa. Dicho esto y sólo como líneas generales que nos sirvan de contexto, mi opinión sería que las pautas generales descritas en el artículo son extensivas a cualquier niño. Sigue siendo importante no confundir los roles, establecer de antemano que nuestras acciones y/o decisiones tienen unas consecuencias concretas. Sin embargo, debemos ayudarle a no ser excesivamente vulnerable, a poder comprender que se debe establecer un límite ante todo aquello que le pueda angustiar. Asimismo, saber hacer frente con un talante positivo a las diferentes situaciones que nos presenta la vida cotidiana. No debemos olvidar que esta característica debe ser vivida como algo positivo, como un recurso extraordinario en el campo de las habilidades sociales, pero que debe ser “entrenado” para sacarle el provecho adecuado.
    Sí se debería dejar claro que ser una persona altamente sensible no exime de cumplir con tus obligaciones y responsabilidades, igual que disfrutar de tus derechos. Que las llamadas de atención o correcciones deben ser entendidas como un proceso de aprendizaje y no como una crítica a la persona. Probablemente ellos sean más susceptibles a nuestros cambios de humor, sobre todo a aquéllos que nos hacen tomar decisiones a veces incoherentes. En este sentido, yo siempre aconsejo la calma, respirar, tomarnos un tiempo para desacelerarnos y después conversar sobre ello. Con una sensibilidad alta pueden comprender perfectamente cómo es la situación y qué hacer para intentar que no se repita.
    Me gustaría comentarte que durante muchísimos años la alta sensibilidad eran tomada como algo peyorativo, como ser una característica más bien femenina y que por tanto en el género masculino era casi inconcebible, “llorar es de nenas”… Por suerte, estos conceptos han ido variando y el hecho de establecer la importancia de una adecuada educación emocional ha contribuido al desarrollo de estrategias adecuadas para este tipo de personalidad.
    Espero haberte ayudado en clarificar un poco las cosas. Y adelante, si tu hijo es así disfruta de ello, ayúdale a crecer y a valorar en positivo esta habilidad, pues bien utilizada puede hacer de él una persona extraordinaria.
    Un saludo

  3. julio altomonte
    | Responder

    Un tema central, fuente de no pocos conflictos emocionales y alteraciones en la relación familiar y social, claramente expuesto y buen punto de partida para articular soluciones que permitan replantear los potenciales o reales problemas.

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