Educar niños autónomos y responsables

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Educar niños autónomos y responsablesTodos los padres y madres queremos educar niños autónomos y responsables. Pero, ¿realmente lo conseguimos? En primer lugar, conozcamos el significado de cada concepto.

La autonomía en los niños es la facultad que les permite ser capaces de hacer las cosas por sí mismos. La responsabilidad es el valor que reside en la conciencia de cada niño y hace posible la reflexión, administración, orientación y valoración de su propia acción y las consecuencias de sus actos. Vemos que aunque la autonomía y la responsabilidad son dos conceptos diferentes que se pueden trabajar por separado, el desarrollo de una y otra están estrechamente ligadas.

Desde el nacimiento, el bebé depende completamente de sus padres, para todo. Y desde ese mismo momento, el bebé nos pone de manifiesto que es una persona competente, porque sabe expresar sus sentimientos, emociones, necesidades, deseos, preferencias. Todo ello pasará, evidentemente, por nuestra paciencia como padres, quienes aprenderemos a desarrollar empatía y confiar en él.

Pero a medida que nuestros hijos crecen, aprenden poco a poco a valerse por sí mismos y a ser autónomos. A lo largo de su desarrollo les ayudaremos en cosas tan necesarias e indispensables como son comer, hablar, andar… y en otras que pese a no ser tangibles, son igualmente importantes para ellos, como, por ejemplo, animarles a tomar sus propias decisiones.

Es obvio que si no entrenamos la autonomía y la responsabilidad en nuestros hijos de forma gradual, de modo que las aprendan e interioricen de forma casi inconsciente, estas habilidades no aparecerán adecuadamente en el momento que a nosotros nos interese por situación y/o edad.

Un ejemplo de ello sería el cambio de curso, ciclo o profesor, que plantea retos, hábitos, responsabilidades y prácticas tanto para la escuela como para el niño e incluso la familia. No podemos olvidar que el niño es siempre una única persona y que en demasiadas ocasiones las demandas en uno y otro ámbito no van a la par.

A los padres siempre nos ha preocupado el difícil equilibrio entre la innata tendencia a proteger a nuestros hijos y la necesidad de ir soltando hilo para que puedan valerse por sí mismos. Es más que comprensible pensar que los niños no pueden ser responsables, pero es precisamente en ese momento cuando tendemos a sobreprotegerles, evitando que hagan las cosas por sí mismos. Cuando les protegemos de más o somos nosotros quienes hacemos las cosas que pueden hacer solos, les enseñamos a depender de alguien, minamos su autonomía y no desarrollamos su responsabilidad. Por el contrario, cuando les permitimos comprobar que sí son capaces de hacerlo, les permitimos ganar confianza en sí mismos, desarrollar nuevas estrategias para superar dificultades y todo ello redundará en su autoestima. No pensemos en absoluto que el objetivo de potenciar la autonomía de nuestros hijos es facilitar nuestra trabajo como padres,

Ser autónomo es ser uno mismo y mostrar una personalidad, deseos y sentimientos propios, diferentes de los demás. A su vez, la autonomía nos garantiza la capacidad de no depender de los demás para sentirnos bien, para aceptarnos y para tener la seguridad de que seremos capaces de valernos por nosotros mismos a lo largo de la vida.

Enseñar a nuestros hijos a ser autónomos y responsables no es fácil, pero sí gratificante cuando comprobamos los resultados.

Educar niños autónomos y responsablesDesearía poner en claro que aunque hasta en estas líneas me he referido a la etapa de primera infancia y a los años de primaria, estos preceptos son igualmente válidos y necesarios en la adolescencia. Si bien es cierto que los adolescentes no tienen tanta dependencia psicológica hacia los padres, el haberles preparado para desarrollar su autonomía, y siendo conscientes de que han de responsabilizarse de sus actos, les ayudará a ser personas adultas maduras, seguras de sí mismas y con capacidad para enfrentarse al mundo que les rodea.

Beneficios de educar a los niños para el desarrollo de su autonomía:

  • Favorecemos una sana autoestima y autoconcepto.
  • Dotamos al niño/a de confianza en sí mismo/a.
  • Potenciamos el desarrollo de una personalidad madura.
  • Les hacemos capaces de tomar sus decisiones sin miedo a equivocarse.

El diálogo entre padres e hijos es el aspecto más importante en la educación.

Estrategias para educar niños autónomos y responsables:

  1. Darles encargos adecuados a su edad y nivel de desarrollo (vestirse, comer, higiene, poner la mesa….y así en aumento) Si buscamos, hay bibliografia que nos indica por edad las pautas a seguir.
  2. Permitir que realicen las tareas antes mencionadas por sí mismos. La primera vez se les explicará cómo hacerlo con instrucciones sencillas y claras y después dejaremos que lo hagan sin estar “encima” corrigiendo (y si es así, se debe hacer muy sutilmente)
  3. No hacer nosotros aquello que pueden hacer solos, aunque eso implique ir más despacio.
  4. Dejar que se equivoquen cuando realizan sus tareas. No buscamos la perfección sino educar a nuestros hijos a que aprendan a desenvolverse solos y ello requiere un tiempo. Si aparece un error, no focalicemos toda nuestra atención en el error, busquemos la parte positiva, valorémosla y realicemos una reflexión conjunta de cómo lo podemos hacer mejor.
  5. No dejes de establecer límites. Ser autónomo no es sinónimo de hacer lo que a uno le venga en gana. Los límites deben existir,  ser coherentes y consensuados entre los padres y nunca mostrar discrepancias entre sí delante del niño. La imagen de “poli bueno, poli malo” no es en absoluto eficaz en la educación de los hijos, pues les confunden y no les ayuda a asumir la conducta deseada en el marco acto/conducta-consecuencia. Si el acto es adecuado, la consecuencia será buena y realizaremos el refuerzo positivo. Si la conducta no es adecuada, la consecuencia será negativa.
  6. Enséñales a tomar decisiones, a analizar diferentes opciones, a planificar y anticipar. Puedes hacerlo con algo tan sencillo como elegir el jersey que se va a poner. A medida que crecen esa toma de decisiones se irá graduando, evitando que les genere tensión. De nuevo insistiremos en que son libres para decidir y que cada acción tiene unas consecuencias que deberá aprender a asumir.
  7. Dale su espacio físico y emocional para que pueda explicarte sus experiencias cuando le apetezca. Si le atosigas con preguntas es más que probable que te responda con monosílabos o no te cuente nada. Mejor darles tiempo, o plantea la conversación en otros términos como, por ejemplo, cómo se sienten. Sin embargo, hay que tener muy presente que el diálogo entre padres e hijos es el aspecto más importante en la educación. Ese diálogo es insustituible y de él dependerá en gran medida el desarrollo de su personalidad. Es fácil pensar que en una familia en la que no ha existido diálogo desde la infancia pueda ser imposible crearlo en un momento determinado (por ejemplo ante un conflicto, ante un error, en la pre adolescencia y adolescencia). Lo que no nos ha acompañado durante el crecimiento no puede ser creado después espontáneamente.

Carme Pau

Pedagoga
Colegiada 1845

Pedagogo online

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