El deseo sexual en la pareja

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El deseo sexual en la pareja. Psicólogo onlineEl deseo sexual en la pareja es el primer eslabón de las experiencias sexuales satisfactorias. Implica complicidad, respeto ante las divergencias, encuentros y emociones.

El deseo sexual, también denominado libido, está influenciado por factores externos e internos de cada persona y en su interacción con el contexto en el que estamos. Por todo ello es prácticamente imposible establecer en líneas generales un patrón que sirva para todos/as.

Los avances en materia de sexualidad apuntan cada vez más al papel regulador de las emociones y al contexto personal. En este sentido, las emociones pueden tener la capacidad de favorecer o de inhibir el deseo, esencial en cada encuentro sexual.

Dejando aparte la vertiente de las disfunciones orgánicas abordadas por la medicina, muchos de los obstáculos, y no disfunciones, se gestan en el terreno psicológico, la forma natural por la que tanto hombres como mujeres no mantenemos el mismo deseo a lo largo del tiempo.

El deseo sexual en la mujer

En la mujer, estrógenos y progesterona (P4) -hormonas comprometidas en la actividad sexual- van de la mano y han de estar en equilibrio. Así, un aumento de estrógenos implica un descenso natural de P4 y viceversa. Mientras que los estrógenos activan el sistema nervioso central y el deseo sexual, la P4 ejerce un efecto sedante.

En la primera fase del ciclo menstrual se tiene más deseo, debido al aumento de los niveles de estrógenos. En la segunda parte del ciclo antes de la menstruación, se produce el efecto contrario, al ir descendiendo los estrógenos y aumentando la progesterona.

De este modo se explica a nivel biológico que el deseo sexual fluctúe más en las mujeres fértiles y que los hombres mantengan su libido bastante estable.

En el deseo sexual de las mujeres, la biología no es tan determinante como el factor afectivo y emocional.

En las mujeres que pasan a la etapa de la menopausia, sus niveles de testosterona son más bajos que en la etapa fértil, así como después de haber pasado por una histerectomía.  No obstante, un estudio en mujeres menopáusicas del Dr. John Randolph, ginecólogo de la universidad de medicina de Michigan (E.E.U.U.), publicado en el Journal of Clinical Endocrino & Metabolism,  concluyó que aunque los niveles de testosterona y otras hormonas reproductivas tenían efecto sobre su sexualidad, su salud emocional y la calidad de sus relaciones era más relevante y facilitadora del deseo. Por tanto, en las mujeres la biología no es tan determinante como el factor afectivo y emocional.

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El deseo sexual en el hombre

El deseo sexual en el hombre cambia con la llegada de la llamada andropausia, a partir de la cual va distanciando tanto su deseo como su capacidad de erección. Sin embargo, y a diferencia de las mujeres, a los hombres les cuesta admitir este proceso natural y suelen atribuir los cambios en las relaciones sexuales a un problema exclusivo de la mujer.

Quisiera hacer hincapié en este punto puesto que la autoestima del hombre suele ir muy asociada a su potencial sexual, lo que dificulta el reconocimiento del cambio y el encuentro íntimo con la pareja. Es un error pensar que en la menopausia desaparece el deseo sexual en la mujer, porque en función del contexto particular de cada una puede suceder lo contrario.

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Desinhibidores del deseo sexual 

Existen varios factores que disminuyen el deseo sexual, al alterar el equilibrio de las hormonas sexuales y neurotransmisores. En este listado puedes conocer los más habituales:

• Las enfermedades agudas y/o crónicas como la EPOC, apnea , diabetes, hipotiroidismo, hipertensión arterial, etc.

• Problemas como la depresión, la ansiedad, u otros trastornos mentales; estados de duelo, acontecimientos vitales significativos, dificultades económicas, etc.

• Fármacos que afectan al sistema nervioso central, como ciertos antidepresivos y ansiolíticos, muy frecuentes en las prescripciones médicas que suelen tener efectos secundarios para la libido.

• Existe controversia en relación a la píldora anticonceptiva, pues no está claro si es el fármaco o el contexto el que juega un papel más relevante en la disminución del deseo sexual.

• Fármacos para la hipertensión arterial, para la calvicie, etc.

Aunque la medicina nos da soluciones rápidas y cómodas, lo mejor para cuidar el deseo sexual en la pareja es evitar el aburrimiento y las rutinas que matan “la chispa”.

• Intervenciones quirúrgicas específicas tanto del útero como del testículo.

• El abuso del alcohol y otras sustancias tóxicas.

• El proceso del envejecimiento. Mientras aumenta la esperanza de vida, el deseo y la respuesta sexual puede variar según la persona. A menudo se confunde la disminución de la erección con la falta de deseo y éste con la falta de masculinidad.

• El estrés aumenta el cortisol y disminuye la libido, por este motivo algunas personas jóvenes pueden tener mermado su deseo sexual.

La biología no es determinante en términos absolutos en el deseo sexual ni en la satisfacción de las relaciones. Ante la misma situación, existen diferencias individuales, porque cada persona piensa según sus aprendizajes, siente según piensa y actúa en consecuencia con lo anterior.

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Soluciones químicas para el deseo sexual

En esta sociedad de las soluciones fáciles disponemos de recursos externos que facilitan las relaciones sexuales. Las mujeres que no se encuentran en la menopausia disponen de la flibanserina, un principio activo cuyo nombre comercial es Addvi y actúa en ciertos neurotransmisores del cerebro y potencia el deseo. Hay que tomarla a diario, tiene muchos efectos secundarios y los resultados son poco efectivos.

Otra solución para activar el deseo sexual es la estimulación del nervio tibial. Investigadores de la Universidad de Michigan, tratando de mejorar la calidad de vida de pacientes mujeres con problemas de vejiga, descubrieron que estimulando el nervio tibial aumentaban su deseo sexual, consiguiendo una reacción similar al efecto de la Viagra en los hombres.

No se puede tratar la falta de deseo sexual en la pareja sin tener en cuenta los factores emocionales y contextuales.

Para los hombres,  el sildenafilo o la popular Viagra favorecen la erección pero no el deseo sexual. La importante diferencia entre la flibanserina y el sildenafilo es que la primera afecta al sistema nervioso central y el segundo es un vasodilatador.

El exceso de medicalización no es la solución a problemas puntuales o circunscritos a ciertas etapas naturales porque no son enfermedades.

El problema reside en la creencia de que el cambio en el deseo sexual o su ausencia es una disfunción o enfermedad. No se puede tratar la falta de deseo sexual en la pareja sin tener en cuenta los factores emocionales y contextuales.

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¿Cómo reavivar el deseo sexual en la pareja?

• Mejora tu estilo de vida.

En la medida que puedas, incluye el ejercicio físico, duerme lo necesario, aliméntate de forma saludable  y deja espacio para el tiempo no productivo.

Distingue lo importante de lo prescindible. 

Evita el aburrimiento de determinadas rutinas que inhiben o matan la chispa. Aunque tengamos cantidad de horas con la pareja, no es sinónimo de calidad y el modo de gestionar los desencuentros nos llevará a una estabilidad o inestabilidad emocional.

Propicia momentos.

Haced un balance de la cotidianidad y de vuestros proyectos para mejorar vuestra intimidad, tanto la afectiva como la sexual.

Desconecta de la tecnología.

Viene muy bien para favorecer un clima de acercamiento, no dejes que la conexión virtual gane terreno al tiempo de pareja.

Supervisa si tomáis medicación.

Conoced si afecta o interfiere en la libido.

• Acéptate a ti mismo/a y a la pareja.

Valóráte y valora a la persona que elegiste en su día y que volverías a elegir. Si no es así, quizá haya que plantearse una mayor reflexión.

• Revisa tus prejuicios.

Huye de los estereotipos de género y no caigas en los tópicos.

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• No consideres “preámbulos de” a los acercamientos íntimos.

El coito no tiene por qué ser el objetivo.

• Abandonarse a los sentidos y a las fantasías eróticas.

Aquieta la mente que empuja a analizar y a hacer juicios de valor continuamente.

• Supera traumas.

Si has padecido bloqueos por una educación represiva, por ejemplo, conviene tratarlos con un/a terapeuta.

• Revisa si existe algún resentimiento o nudos emocionales con la pareja.

Aunque la medicina nos da soluciones rápidas y cómodas, podríamos apostar por cuidar la sexualidad, cuidándonos de forma integral, mostrando complicidad, respeto por las divergencias y propiciando encuentros. Parece que todo funciona porque sí, pero lo cierto es que la satisfacción ocurre cuando nos implicamos y buscamos proactivamente la manera de acercar nuestra satisfacción a la de nuestra pareja.

No olvidemos que la sexualidad no se puede reducir a la procreación ni al coito. Lo realmente deseable es saber en qué momento estamos, tomar conciencia de cómo está nuestra sexualidad, tanto a nivel individual como de pareja, integrar los cambios fisiológicos y contextuales, hablar sin prejuicios y sin culpabilizar, y colaborar en la búsqueda de soluciones que satisfagan a cada uno/a y a ambos. Es posible si se afronta con madurez y sin exigencias.

Teresa Morali psicólogo online

Teresa Morali

Especialista en Psicología clínica Col. 4682 Copc

Psicólogo online

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