Fomenta un apego sano con tu bebé

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APEGO SANOCuando somos padres, focalizamos nuestra atención en aspectos de la salud relacionados fundamentalmente con el crecimiento de nuestro bebé, como pueden ser el peso, los alimentos y  la limpieza. Pero además de los cuidados físicos, en esta primera etapa del bebé la interacción con la madre y/o los cuidadores principales adquiere una gran relevancia para su desarrollo integral. Construir un apego sano será clave en sus futuras relaciones sociales y afectivas.

Nacemos con una predisposición biológica a vincularnos. Sentimos atracción por los bebés y ellos, por nuestro rostro y voz, de tal modo que se propicia el vínculo emocional o apego.

¿Por qué realizan los bebés conductas de apego?

Cada niño despliega sus conductas de apego, de tal manera que uno llora, otro busca con la mirada… Dependiendo de las experiencias vividas en función de la respuesta del adulto cuidador, el bebé irá desarrollando un tipo u otro de apego.

Cuando el menor está convencido de la incondicionalidad de la figura de apego, del cariño y de la eficacia con la que responderá el adulto ante sus necesidades, sentirá seguridad y confianza. Por el contrario, si no ha sido así, sentirá inseguridad emocional, desconfianza y/o incompetencia. Al mismo tiempo, va creando una imagen mental de sí mismo como persona merecedora o no de cariño y protección. A modo de ejemplo, si un niño se hace daño porque se ha caído, en el caso de tener un vínculo seguro, sabrá que mamá o papá vendrán, ya que para él son figuras de protección y seguridad. Por el contrario, podrían ser figuras de desprotección e inseguridad si aprende que cuando se cae no le hacen caso.

Este apego tiene la función de supervivencia de la especie y de mantener la proximidad con la figura de apego. Más allá, este vínculo modelará las relaciones posteriores.

Sistema de apego vs sistemas de exploración y afiliación

El sistema de apego también se relaciona con el sistema de exploración (interés por el entorno físico y social) y el de afiliación (interés por las personas y establecer relaciones). Si el sistema de apego está activado, las conductas se dirigirán a conseguir la proximidad de la figura de apego, desactivándose los sistemas de exploración y afiliación, por lo que no se interesará por su entorno ni por otras personas.

¿Qué estilos podemos fomentar?

Apego seguro:

La figura de apego se muestra sensible, disponible, coherente y eficaz ante las necesidades del menor, existe una relación de reciprocidad y sintonía.

Este sentimiento de seguridad se va generalizando y el niño desarrollará un modelo interno como persona digna de cariño y protección y con capacidad de influir en las relaciones, mostrándose abierto y positivo ante los demás. Sus conductas serán de llorar o ir hacia la figura de apego, encontrando el consuelo que busca.

Apego inseguro ambivalente:

Unas veces los cuidadores actúan adecuadamente y otras no, por lo que no hay un modelo coherente, sino imprevisible. Por tanto, los niños con este estilo de apego desconfían de la respuesta exagerando las conductas de apego para aumentar las probabilidades de obtener la atención. Tienen pocas conductas de exploración y son cautelosos ante los extraños. Sienten ansiedad ante los momentos de separación de la figura de apego, pero se resisten a ser consolados cuando la figura de apego vuelve, presentando un comportamiento ambivalente. Se muestran más dependientes en las relaciones.

Apego inseguro evitativo:

Los adultos figuras de apego se muestran insensibles o ignoran las necesidades del menor. El niño aprende a disminuir sus conductas de apego, evitando en cierta manera la respuesta del cuidador. Son niños que muestran alta exploración del entorno, independientemente de que la figura de apego esté o no presente. Con desconocidos actúan de la misma forma, sin mostrar preferencia. No suelen tener ansiedad ante la separación y se muestran indiferentes cuando el cuidador regresa. En las relaciones se muestran excesivamente independientes.

Apego desorganizado: 

El cuidador se convierte en fuente potencial de protección, pero al mismo tiempo sienten temor, por lo que el niño tiene dificultades para encontrar una estrategia. El comportamiento de los niños suele ser de confusión y desorientación, con una mezcla de aproximación y evitación hacia la figura de apego, y con conductas repetitivas (por ejemplo, el balanceo). Suele ocurrir ante el maltrato infantil.

Cabe señalar que niños y niñas no mostrarán necesariamente un estilo de apego puro, sino que cada uno tendrá su estilo en particular que se identificará en mayor o menor medida con uno de los descritos.

¿Cómo evoluciona el apego?

  • Desde el nacimiento a los 3 meses. No es capaz de diferenciar una persona de otra.
  • 3-6 meses. Tienen preferencia hacia los cuidadores principales sin manifestar rechazo a los desconocidos.
  • 6 meses-1 año. El bebé muestra una clara preferencia por sus cuidadores principales, que se manifiesta en conductas de apego que tratan de mantener la proximidad con la figura de apego. Empiezan a mostrar un rechazo explícito hacia los extraños, unido a una fuerte dependencia física de la figura de apego. En torno a los 8 meses suele situarse el momento en el que la mayoría de niños ya han establecido un fuerte vínculo de apego con su cuidador principal.
  • A partir del año. El apego sigue evolucionando y su maduración en general le permite alcanzar una mayor autonomía e independencia física de la figura de apego. Acepta separaciones breves y un menor contacto físico. Los modelos mentales se van volviendo progresivamente más sofisticados.
  • 2-3 años. Comprende mejor los sentimientos y los objetivos de los demás y pueden llegar a consolarse simplemente pensando en sus figuras de apego sin tener que estar físicamente a su lado. Este avance le permite una mayor tolerancia a separaciones más largas y las conductas de apego se activan con menos facilidad. Los modelos mentales de apego ahora ya no son tan primitivos pudiendo planear y controlar más su conducta. No obstante, las conductas de apego se pueden reactivar en momentos de estrés (enfermedad, llegada de un nuevo hermano, etc.).
  • 5-6 años: Las conductas de búsqueda de proximidad física y mantenimiento de contacto físico son cada vez más infrecuentes, sustituyéndose principalmente por intercambios verbales, y cobrando aún más importancia la confianza en la disponibilidad de la figura de apego.

¿Qué factores influyen en el apego?

Por un lado, influyen las características del cuidador como la personalidad y las experiencias previas, además de la propia historia afectiva, la autoestima y la estabilidad. Por otra parte, el temperamento del bebé puede condicionar nuestra respuesta, ya que en la medida en que éste sea más tranquilo y fácilmente consolable favorecerá una interacción positiva con los adultos, mientras que los más irritables y llorones se lo pondrán un poco más difícil a los cuidadores.

Sin embargo, los bebés también son capaces de apegarse a varias personas al mismo tiempo ampliando este apego a otros cuidadores, hermanos, abuelos, etc.,  por lo que tendremos en cuenta la influencia de éstos en su formación. Se establece así una jerarquía que se verá afectada por el tiempo que pasa el niño, la implicación, la sensibilidad y la calidad de su cuidado.

Los niños/as que han tenido una base segura de apego, serán capaces de vivir sintiendo y dando más confianza en sus relaciones.

Teresa Morali. Psicólogo online

Teresa Morali

Especialista en Psicología clínica Col. 4682 Copc

Psicólogo infantil

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