Síndrome del emperador

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sindrome del emperadorEn la última década se ha hablado mucho sobre la creciente aparición del síndrome del emperador, o casos de violencia verbal o física por parte de niños y adolescentes, principalmente en casa hacia sus padres, y en ocasiones también en entornos escolares con comportamientos que conducen al bullying.

Según las estadísticas, los principales factores facilitadores se podrían resumir en un ambiente con ausencia de límites y una alta permisividad en todos los sentidos, destacando un alto porcentaje de familias con hijos únicos. La realidad demuestra que también podríamos añadir las costumbres que se adquieren en etapas de dificultades en el entorno: por hostilidades o agresividad ante separaciones o pérdidas, por rabia ante la soledad, o indiferencia de los vínculos significativos…

Existe una amplia gama de publicaciones sobre el Síndrome del Emperador, cómo prevenirlo, cómo reconducirlo… Es una problemática que ha obtenido muy buenos resultados en terapia psicológica, se obtiene una reducción del 400% de reincidencia (según el Consejo Oficial de Psicología de España)

Y si hay algo que sí que se trabaja en equipo con las familias es un factor clave para revertirlo: educar en la tolerancia a la frustración. Además de desarrollar otras habilidades de inteligencia emocional, enseñar a los hijos a gestionar los pequeños fracasos del día a día desde la primera infancia va a permitirles adquirir unos recursos muy valiosos para afrontar otro tipo de dificultades cuando vayan creciendo.

¿Y cómo podemos contribuir desde casa?

Pues desde que son bebés y lloran ante algún malestar. En el plano emocional, no será lo mismo que se queden en la resignación o en la rabia que conectar con su necesidad y atenderles desde el cariño (a pesar del agotamiento o estrés que sobrellevemos). O cuando llegan las temidas pataletas y una situación cotidiana se dispara hasta lo incontrolable, se instala y sigue apareciendo durante años… En esos momentos, lo que sale más a cuenta será darle la vuelta a la situación, calmar al niño para que pueda escuchar, ofrecer la explicación justa del porqué y proponer un par de alternativas entre las que pueda elegir una opción.

En definitiva, se trata de demostrar que es natural enfadarse aunque no conduce a nada y de entrenar en la búsqueda de soluciones. Si ganan autonomía a medida que crecen, podrán disponer de una capacidad de resolución y confianza que también beneficiará a nuestra relación, sin discusiones, y facilitará una buena entrada en la adolescencia.

Cristina Ramírez

Psicóloga sanitaria Col.11230

https://www.happysoul.cat

Psicólogo familiar

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