Hijos en vacaciones: cómo programar el verano

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Hijos en vacaciones: cómo programar el veranoEstamos a un paso de iniciar las vacaciones escolares y ahí empieza el malabarismo de algunas familias. Compaginar nuestro calendario de vacaciones con el de nuestros hijos es difícil, por lo que salimos a la búsqueda de esas preciadas actividades que les puedan acoger.

Al igual que durante el curso escolar, las actividades en verano no se pueden convertir en un periplo de idas y venidas y horarios estresantes. Los niños salen de un horario de curso con horas muy marcadas y tienen derecho a disfrutar de un merecido descanso vacacional.

Soy consciente de que la conciliación entre el horario familiar y el de los colegios es prácticamente imposible, por lo que surge la necesidad de buscar colonias, campamentos, talleres todo tipo de actividades, ya sean de carácter lúdico o académico. Sin embargo, es preciso que programar un verano pausado, sin caer en la “sobreocupación” de nuestros hijos, con un listado de actividades que empiezan a primera hora de la mañana y finalizan por la tarde.

No tratamos de poner en duda los beneficios que aportan las actividades antes mencionadas, pues es indiscutible que la gran mayoría les permite relacionarse con otros niños y adquirir nuevas experiencias y contextos, que redundan en su crecimiento personal.

El verano es un buen momento para dejar fluir nuestros pensamientos o, sencillamente, jugar y dedicar tiempo a nuestras aficiones.

El verano es un buen momento para “aburrirse”. Tal como suena: aburrirse. Hacer una pausa para salir de ese frenesí que ha supuesto el tiempo escolar. Aprender, lo cual no es fácil, que podemos estar sin hacer nada. Aprender a dejar fluir nuestros pensamientos o, sencillamente, jugar y dedicar tiempo a nuestras aficiones. El hecho de aburrirse permite al cerebro tolerar la frustración y desarrollar la creatividad.

  1. Las vacaciones son para descansar y disfrutar

    Hijos en vacaciones: cómo programar el verano

    Es el momento para dormir más, acostarse un poco más tarde…. En definitiva, se trata de tener un horario más relajado para que nuestros hijos puedan descansar.

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  1. Conversar con los hijos

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    Recuperemos esas conversaciones que durante el curso no se realizan, debido al cansancio, a las actividades diarias, al aburrimiento por explicar sus clases…

  2. Poner en práctica lo que han aprendido durante el curso 

    Hijos en vacaciones: cómo programar el verano

    No se trata de poner a los niños continuamente “a examen”, sino de utilizar, por ejemplo, los conocimientos adquiridos a lo largo del curso para ir a la compra, para escribir una postal o una carta (algo tan raro hoy en día), practicar juegos de ingenio o en los que intervenga el cálculo mental. En los juegos de mesa intervienen habilidades de relación y emocionales muy importantes. Aprender a respetar reglas, turnos, perder y ganar supone un reto importante en la relación entre iguales.

  3. Ayudar en casa

    Hijos en vacaciones: cómo programar el verano

    Aunque hablemos en términos de descansar no debemos caer en el error de no dejarles hacer nada. Es un buen momento para introducirles en tareas que sirven de ayuda a la familia y que durante el curso es difícil plantear. Por tanto, la época de vacaciones es una buena oportunidad para explicarles cómo hacer algunas cosas y pedir su colaboración. Por supuesto hablamos de una colaboración que será a cambio de nada, simplemente de colaborar en una actividad necesaria para la buena armonía familiar.

  4. Leer, leer y leer

    Hijos en vacaciones: cómo programar el veranoLa lectura es una asignatura pendiente para muchos de nuestros chicos. En un medio tan tecnológico y diverso, el libro de lectura ha quedado aparcado, pero no podemos olvidar que LA LECTURA ES EL ÚNICO DEBER que DEBERÍAN HACER NUESTROS HIJOS EN VERANO. No importa qué libro. Busquemos con ellos algo que les guste, que les atrape, aunque sea un cómic. Convenzámosles de que la lectura es entretenida y lúdica. Y si se muestran demasiado reacios, tampoco les presionemos con una hora de lectura diaria, pero sí establezcamos este hábito como algo rutinario. Podéis  pactar el “ratito” de lectura de manera conjunta, por ejemplo, en el rato de mayor calor o bien antes de acostarse. Y asegurándonos de que la lectura no interrumpe una actividad en la que estén inmersos, pues entonces tendría una connotación negativa.

Carme Pau Gómez. Pedagogo online

Carme Pau Gómez

Pedagoga
Colegiada 1845

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