Hijos con miedo a los exámenes

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Cualquier persona que haya pasado por la escuela, el instituto o la universidad, sabrá que examinarse no sólo no gusta, sino que asusta a un porcentaje elevado de estudiantes que pueden llegar incluso a experimentar verdadera fobia a los exámenes. El miedo a los exámenes puede iniciarse alrededor de los 7 años y se produce con mayor frecuencia en la adolescencia y en el proceso de acceso a la universidad.

Sentir cierta aprensión y ansiedad ante situaciones de cierta incertidumbre, como puede ser examinarse, es normal, innato y adaptativo. Sin embargo, vivir cada examen con una ansiedad excesiva y repetitiva puede acabar afectando al sistema inmunitario, causando vulnerabilidad física y psicológica.

¿Por qué algunos niños tienen miedo a los exámenes?

Evidentemente, el miedo a suspender unos exámenes determinados significa para algunos jóvenes una interferencia en la consecución de sus objetivos. Para otros con tendencia a la ansiedad, la mayor parte de los exámenes e incluso otras situaciones pueden significar una amenaza.

Un poco de ansiedad motiva, una alta ansiedad interfiere en el rendimiento.

¿Qué factores intervienen en el miedo a los exámenes?

Las experiencias negativas que han tenido y tienen nuestros hijos, así como algunas palabras negativas que les decimos son realmente impactantes para ellos. Las frases del estilo: “eres un vago”, “seguro que suspenderás”, “no sé qué haremos contigo”, “no harás nada en la vida”, etc., van modelando la percepción del niño o del joven estudiante hacia la confianza o la frustración.

Esta frustración puede llevar a nuestros hijos al abandono de los estudios, puesto que a veces prefieren no presentarse a los exámenes por miedo a afrontar la posibilidad de suspender. La parte positiva de esta etapa que podríamos calificar como “tirar la toalla” es que no sienten ansiedad porque evitan lo temido. La parte negativa es que pueden cronificar su miedo si no intervenimos a tiempo.

Además de las experiencias negativas previas, intervienen variables como las relacionadas con el propio examen (el tipo de examen, grado de dificultad, el tiempo del que disponen), la preparación personal (gestión y técnicas de estudio, tiempo destinado, lugar), o las consecuencias (si afecta a su hoja de ruta, el impacto emocional para ellos, etc.)

Otros factores tienen que ver con la influencia del entorno: “nervios” de los compañeros/as, actitud y valores del profesorado y el propio centro, etc.

El miedo es multidimensional, por ello es conveniente conocer qué afecta a cada persona y en qué medida.

¿Qué les ocurre ante la llegada de los exámenes?

Experimentan malestar y emociones como la preocupación y la inseguridad, con síntomas en los días previos a los exámenes (dolor de cabeza, palpitaciones, insomnio, dolor de estómago con náuseas o vómitos, sudoración, temblor, sequedad de boca y diarrea principalmente). No siempre se experimentan todos estos síntomas, hay diferencias tanto en el número como en la intensidad, en función de cada chico/a y de los factores mencionados.

Las conductas frecuentes que observamos son morderse las uñas, tocarse el pelo, la cara, ir de un lado a otro sin sentido, hablar mucho o estar callado, etc. Y el bloqueo mental que conocemos como “quedarse en blanco” en el momento del examen.

En lugar de concentrarse en la materia que han de estudiar, o en el momento del examen, sus pensamientos se focalizan en las consecuencias catastróficas: “Si suspendo me va a caer una…”, “me juego mi futuro”, “no me saldrá bien”, etc. Esta situación se vive como una amenaza y el organismo reacciona como si se tratara de un peligro real en el que hay que proporcionar energía para luchar o huir.

¿Qué consecuencias tiene la ansiedad desadaptativa frente a los exámenes?

Al focalizarse en aspectos internos (pensamientos y estado físico principalmente) y no en la tarea que han de realizar, los niños y jóvenes que padecen este problema presentan problemas de atención, concentración y memoria que afectan directamente a un descenso en su rendimiento.

En este proceso la autoestima suele empeorar, ya que la percepción que tienen en relación con su autoconcepto es la de “no ser capaces”. Asimismo, al no obtener el refuerzo de una nota suficiente, pueden entrar en un proceso de apatía y de desánimo que les incapacita para experimentar el bienestar emocional.

Si se juntan varios factores como la predisposición al perfeccionismo, un ambiente exigente y demasiada rigidez o permisividad, entre otros, el adolescente entrará en un bucle que le llevará al desajuste emocional.

¿Cómo se les puede ayudar desde casa?

  • Los hijos han de percibir que son aceptados “aunque no den la talla” y proporcionarles ayuda para que se beneficien de un buen clima emocional en casa que facilite el cambio.
  • Asegurarnos de que conocen las técnicas de estudio  y que gestionan bien su tiempo, evitando que hagan maratones intensivos los días previos al examen y repartan mejor los esfuerzos.
  • Facilitarles un lugar apropiado  en casa y/o en la biblioteca, en el que se pueda concentrar sin interferencias. Asegurarnos de que descansan lo suficiente.  Controlar que no están conectados por la noche y que las horas de sueño son las necesarias para su edad.
  • No penalizar con la retirada de actividades deportivas, puesto que les sirven para liberar tensiones.
  • Reconocerles el esfuerzo que hacen si se han implicado y lo merecen, aunque suspendan.
  • Un buen desayuno es un buen hábito imprescindible en todas las edades y etapas. Les hemos de acostumbrar a levantarse con tiempo para dedicar al menos 15 minutos al desayuno y asegurarnos de que la alimentación es equilibrada según cada edad y constitución, de manera que cuando vayan a la universidad estén habituados.
  • Velar porque su estado físico se encuentre en buenas condiciones (vista, oído, etc.), así como por una buena higiene corporal (ducha diaria y ropa limpia)
  • Averiguar si están pasando por un momento emocional complicado motivado por causas diversas, como relación con compañeros de clase, novios/as, etc., y dialogar con ellos.
  • Hablar con los profesores si aún no está en la universidad para saber cómo le ven la escuela.

Cuanto más nos empeñemos en obligarles a sacar buenas notas, más bloqueados y menos motivados se sentirán.

Si la ansiedad persiste o el hijo manifiesta su impotencia ante los exámenes se recomienda facilitarle un tratamiento eficaz  para facilitarle las herramientas necesarias que le ayuden a superar su ansiedad ante esta situación, ya que la variable cognitiva, es decir, sus pensamientos y las autoverbalizaciones que se dice suelen interferir de forma significativa en su rendimiento.

El difícil mensaje que os quiero transmitir es que la finalidad de estudiar no es obtener diplomas y/o acceder a un puesto de trabajo bien remunerado, sino aprovechar los conocimientos y las experiencias de esta etapa para disfrutar, aprender de las dificultades y superarlas con motivación y esfuerzo, sin compararse con los demás.

Teresa Morali. Psicólogo online

Teresa Morali

Especialista en Psicología clínica Col. 4682 Copc

Psicólogo online

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