La difícil tarea de educar

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¿Has oído alguna vez esta frase? Puede que incluso tú la hayas dicho. Pero, ¿es cierto que educar, hoy, es más complicado?

Actualmente, ser padres debe ir más allá de cubrir las necesidades básicas de nuestros “retoños”. Y eso es algo que, aunque todos y todas sabemos, no siempre hacemos. En muchas ocasiones, nuestros acelerados ritmos de vida no nos permiten proporcionarles las bases de crecimiento óptimo donde van a apoyar su futuro. Y es que, ¿dónde se enseña eso?

Vivimos en un mundo cada vez más cambiante, rápido, en ocasiones difícil. Vivimos, más que nunca, preocupados por la felicidad de nuestros hijos e hijas. Generaciones atrás, educar no se planteaba como un reto, era algo natural, el resultado lógico de haber tenido descendencia. Se daba por hecho que cualquier persona podía ser padre o madre y, normalmente, se aceptaba que todos podían hacerlo más o menos bien. Hablamos de una época en la que ser padre significaba un montón de responsabilidades y, quizá, no tantas alegrías.

Hoy, estamos en una etapa de profundos cambios sociales que han impactado y en ocasiones provocado la ruptura de los modelos tradicionales de familia. La sociedad ha sufrido un cambio en los últimos tiempos que ha afectado de forma directa a la familia y a la escuela. Familias y escuelas que han dejado de contemplarse única y exclusivamente como lo hacíamos antaño, o así debería ser.

Los rápidos ritmos a los que la vida actual nos tiene acostumbrados están produciendo una aceleración en la caducidad de los conocimientos. Aquellas “mochilas” llenas de saberes teórico-prácticos que los niños traen a casa “colgadas” de sus cerebros quedarán ya obsoletas para sus futuras profesiones, porque las profesiones que nuestros hijos tendrán en el futuro, hoy aún no existen. Esto impone a los docentes un nuevo paradigma en el que se tienen que mover si quieren que su labor siga siendo la que es: preparar a nuestros pequeños y no tan pequeños para el futuro. Por este motivo, hoy tenemos la imperiosa necesidad de hablar de competencias transversales como “aprender a aprender”, pensamiento crítico, saber informarse, saber comunicar, expresión eficaz y todo un listado de palabras seguidas de “on-line”.

Estamos en una etapa de profundos cambios sociales que han provocado la ruptura de los modelos tradicionales de familia.

Uno de nuestros grandes objetivos, aquí y ahora, es criar personas que serán adultos autónomos, con capacidad de auto aprendizaje, responsabilidad y con un auto-concepto positivo que les permita saber convivir en ese mundo de transición en el que ellos mismos serán el motor de cambio. Con todo ello, los padres deben asumir ciertas funciones educativas que escapan de las paredes de cualquier centro o institución y que no deberían ser delegadas a éstos, sino aceptadas y adoptadas con profesionalidad, porque “ser padres es la más importante de tus profesiones”.

Lo primero que nos enseñan cuando llegamos a un trabajo es un listado de nuestras obligaciones, de modo que:

. Si bien el aporte de conocimientos y habilidades competenciales es una cuestión escolar, la educación en valores y la instrucción a nivel personal y ciudadana es una tarea también familiar que debe ser transmitida en el ámbito de la intimidad, el amor y la convivencia.

. La situación profesional actual, tanto de padres como de madres, afecta directamente a la presencia de éstos en el hogar y a la pertinente delegación de las tareas educativas familiares al ámbito escolar. Por ello, ¿están viviendo los niños de hoy en día una nueva forma de orfandad? ¿Somos los padres y madres meros proveedores de material? Si has respondido con un tímido “Sí”, entonces la buena educación no es complicada, sino imposible.

Tenemos la necesidad de hablar de competencias transversales como “aprender a aprender”, pensamiento crítico, saber informarse, saber comunicar, expresión eficaz y todo un listado de palabras seguidas de “on-line”.

Hoy por hoy. los padres y madres se preguntan si lo están haciendo bien, desean más que nunca que sus hijos sean felices y eso genera angustia y preocupación.

Algunas de las preguntas más escuchadas cuando trabajas con familias y menores son: “¿Lo estamos haciendo bien?”, “¿qué es lo correcto?”, “¿cuál es la mejor manera de educarlos?”. Hay familias que se sienten perdidas en relación a la correcta educación de los niños y niñas y es un hecho que las profesiones destinadas a dar respuesta a la necesidad de tratar estos temas ha crecido a gran velocidad, ¡cómo no!

No hay una sola respuesta para dar una correcta buena educación, lo que sí está muy claro es que NO ES POSIBLE NO EDUCAR, pero sí es posible educar mal.

¿Están viviendo los niños de hoy en día una nueva forma de orfandad?

El “aquí y ahora” son conceptos que implican un fuerte impacto en nuestros modelos sociales (tenerlo todo y rápido). Este hecho afecta directamente al placer por la recompensa inmediata y distancia a nuestros adultos del futuro de la lucha por la consecución de objetivos a largo plazo.

Con este panorama de fondo, los modelos sociales y familiares también están sufriendo modificaciones. Es habitual plantearse relaciones (padres-hijos, docente-alumno) basadas en la amistad entre iguales con el objetivo de evitar problemas, o por la errónea creencia de que si el adulto (responsable de su educación) se sitúa en esta tesitura, el niño o la niña aceptará las “imposiciones” sin darse cuenta, o bien abrirá su interior con mayor facilidad. Pero, ¿esas relaciones coinciden con el mundo real? ¿O les estamos enseñando unos roles que chocarán de frente con la realidad en el mundo laboral?

La verdad es que nunca, ni padres, ni familia, ni escuela, hemos estado tan bien preparados para educar, ni hemos tenido tantas ganas de hacerlo bien. Tenemos la información y la formación, pero debemos seleccionarla con cautela.

Con este propósito, hablaremos de los temas que a todos nos preocupan sobre la educación de nuestros hijos, te contaremos que hay muchas maneras de educar bien y que todas pasan por conceptos como:

  • Coherencia.
  • Comunicación.
  • Afecto.
  • Hechos (somos lo que hacemos, somos sus modelos)
  • Humor.

Aprenderemos cómo educar para la vida y para la felicidad y veremos que, a menudo, la sobre protección no es la mejor manera.

. Para lo bueno y lo malo somos padres y/o docentes, somos el modelo (el espejo), la referencia y el apoyo de nuestros hijos y/o alumnos.

. Es todo un arte conseguir educar a los hijos sin angustias ni complejos.

. El futuro de nuestra sociedad depende de la herencia que dejamos a nuestros hijos.

Dra. Rosabel Rodríguez

Directora del Programa de atención a las Altas Capacidades Intelectuales (PACiS)
Psicóloga y Dra. en Psicopedagogía
Profesora y Vicerrectora de la UIB

PACIS

 

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