La importancia del vínculo

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Los vínculos afectivos que nos acompañan a lo largo de nuestra vida marcan en buena medida nuestro bienestar emocional. En especial en las primeras etapas evolutivas, estos vínculos más cercanos nos ofrecen modelos de relación y nos dan pistas de cómo podemos explorar el mundo, en función de si percibimos el entorno como un ámbito hostil o bien un lugar confortable donde empezar a desarrollar nuestras aptitudes para aprender e interaccionar con lo que nos rodea con tranquilidad, curiosidad y disfrute.

Unos vínculos sanos proporcionan una seguridad emocional desde la que se facilita unas mejores relaciones con las nuevas personas que van apareciendo en la vida. Y son el mejor regalo para un hijo: construyen unos cimientos estables en una vida emocional que irá encontrando retos y dificultades a medida que va creciendo.

Crear y cuidar desde etapas tempranas un vínculo fuerte es una buena inversión para abrir puertas de diálogo y una relación estrecha antes de que llegue la adolescencia, donde será realmente más complejo que aparezca esa proximidad si no la hemos desarrollado antes.

En caso de sufrir desgaste o distancia, un vínculo puede reforzarse. Incluso puede reconstruirse o también crearse desde cero, como es el caso de las adopciones. Si bien es cierto que cuanto más próximo y continuado sea, más fácil será llegar al sano equilibrio de sentir una proximidad afectiva y, al mismo tiempo, encontrar la distancia adecuada para el espacio individual de cada uno.

Crear y cuidar desde etapas tempranas un vínculo fuerte es una buena inversión para abrir puertas de diálogo y una relación estrecha antes de que llegue la adolescencia.

En ocasiones podemos observar síntomas de una falta de vínculos afectivos sanos. A pesar de que no se diagnostica como Trastorno Afectivo hasta mínimo los 7 años, hay señales que pueden aparecer desde momentos iniciales de la primera infancia. Incluso podemos sorprendernos a veces ante adultos que presentan algunos síntomas característicos como la dificultad para mantener relaciones duraderas o la gran influencia del entorno en su vida emocional. Aún siendo un trastorno que distorsiona las relaciones, puede mejorar notablemente cuando integramos nuevas herramientas y patrones de relación.

Independientemente de la edad cronológica, nunca es tarde para replantearse un cambio en nuestra manera de relacionarnos y ofrecer una mejora a nuestra madurez emocional. Mediante una etapa de aprendizaje, es posible construir y reforzar vínculos que nos permitan desarrollar una base emocional óptima donde apoyar todo el resto de retos que se nos irán planteando a lo largo de la vida.

Cristina Ramírez

Psicóloga sanitaria Col.11230 https://www.happysoul.cat

Psicólogo infantil

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