Marruecos, una ruta a través de los colores

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Salam Aleikum! En el post de hoy os hablaré de mi viaje a Marruecos. Hago aquí un inciso para comentaros que yo fui en el período más caluroso, en agosto. De ser posible, os recomiendo que vayáis en otros meses, cuando el calor no es tan intenso.

Aterrizamos en Marrakesh. El bus del aeropuerto nos dejó en la Place Djema el Fna y allí nos sumergimos en otro mundo. Lo primero fue instalarnos en nuestro alojamiento, el único pactado con anterioridad – el resto del viaje nos dejamos llevar por la ruta e improvisamos. Era un pintoresco riad situado en la Medina. Aquí las calles se asemejan a un hormiguero donde hormigas trabajadoras van y vienen en continuación. El ritmo es frenético y parece no tener fin. Desde primeras horas de la mañana hasta muy tarde al anochecer, cientos de puestos y comerciantes llevan a cabo todo tipo de actividad: fruta y verdura, carne y pescado, accesorios, ropa, detergentes, huesos (??), herramientas, peluqueros, fontaneros, carpinteros, tapiceros… todos aprovechan su pequeña parcela para ganarse el pan de cada día.

Marruecos, una ruta a través de los colores

A pesar de tanto frenesí, las calles aparecen limpias, destartaladas, pero limpias. Cabe destacar la habilidad de motoristas, ciclistas, conductores y jinetes de mulas. Sin todos ellos, la aventura de atravesar la Medina, sería tan sólo un paseo en hora punta en cualquier ciudad del mundo.
Tras un reconfortante descanso, la Place Djema el Fna nos esperaba al anochecer. Encantadores de serpientes, bailarines, tamborileros, artistas de la henna, macacos y restauradores hacen que esta gran extensión se convierta en un lugar mágico. Turistas del mundo entero y lugareños deambulan de un lugar a otro infatuados por el olor de las brasas ardiendo.
Marruecos, una ruta a través de los coloresLos colores son protagonistas: couscous amarillo, verduras rojas, verdes y naranjas, el marrón de la carne y los caracoles con su jugo, el rosa de las gambas… ¡Todos en armonía! Desde el interior el aroma te embriaga, desde el exterior, la luz te sobrecoge. Recomiendo subir a una de las terrazas panorámicas de los alrededores y observar desde allí el conjunto.

Marruecos, una ruta a través de los colores

Punto neurálgico del país, seguramente sus mezquitas y palacios encierran detalles arquitectónicos de gran belleza. Sin embargo, la mayoría se ocultan a los ojos del visitante por deseo expreso del pueblo. No importa, más allá de las estructuras, Marrakesh va observada por las sensaciones que deja. Perderse en sus laberínticas calles, embriagarse con sus aromas y ensordecer con su bullicio, esa es la mejor manera de conocerla.
Marruecos, una ruta a través de los coloresTras Marrakesh, nos seducía la idea de adentrarnos en el interior para descubrir la cordillera del Atlas y el desierto.
Aït ben Haddou fue nuestra próxima parada. Su Kasbah es patrimonio de la Humanidad y escenario de varios rodajes cinematográficos. Está formado por un complejo arquitectónico en barro y paja, de gran belleza, sumergido entre el verde palmeral y el árido desierto.
La aventura prosiguió por el Atlas, hacia el valle de las mil Kasbahs: Ouarzazate, Skoura, El Kaal…
Si el paraíso lo forman varios rincones del mundo, uno es – sin duda – la Kasbah Itran (Vallée des Roses, Ouarzazate) y sus alrededores. Cada detalle está elegido con cuidado y el conjunto es la obra de un artista enamorado de su tierra y de su gente que, en su afán por dar a conocer su estilo de vida, ofrece al visitante un oasis de paz y armonía en un escenario impactante. Sinfonía de colores de nuevo en la cena servida en la terraza panoràmica y miles de estrellas sobre nuestras cabezas en un cielo incontaminado. La llama de las velas iluminará tenuamente el camino a la cama y nos arrojará a cientos de años en el pasado.
Marruecos, una ruta a través de los coloresA pesar de madrugar, no conseguimos jamás ver el amanecer. El Ramadán, con el que coincidimos durante nuestro viaje, ralentiza el ritmo de vida del país, todos duermen y la actividad del día a día se hace esperar. La brisa de primera hora nos invita a un paseo en el exuberante jardín que se extiende ante nosotros. El valle de las Rosas no tiene en ésta época su flor más preciada y a la cual le debe el nombre, pero paseamos ante mil tonalidades de verde, moteadas de color allí y allá: higos, granadas, flores silvestres, uvas, olivas, cañas, setos y árboles, se extienden a nuestro alrededor. El agua se oye y, serpenteando los juncos… se ve! El río N’Goun fluye no muy caudaloso en esta época del año.
Marruecos, una ruta a través de los coloresA pesar del silencio reinante, la actividad en el interior del jardín no es poca: mujeres recolectando, mulos transportando enseres, niños jugando, ovejas en busca de pasto…
Seguimos ruta y tras 6 horas de viaje en bus, el fin del mundo aparece ante nuestros ojos bajo el nombre de Merzouga. La noche ha caído sobre el desierto, el polvo flota en el ambiente y se mezcla con un aire cálido que proviene del sur. Nos alojamos en Chez Julia, una típica casa bereber decorada con mucho gusto y propiedad de una artista austríaca enamorada del lugar. En verano, la gestiona un joven local, estudiante universitario y estudioso de su pueblo y su cultura, una fuente de sabiduría que nos amenizará la espera hasta nuestra aventura en el desierto del Sahara. Tras una calurosísima noche, difícil de olvidar, el día amanece de nuevo con cielo gris ceniza y aire caliente del sur. Toca regatear, pero tras varias tentativas, pactamos nuestra gran aventura por el desierto. Saldremos hacia las 17h – ¡Inshallah! – en una caravana compuesta por una familia bretona, nosotros y 2 guías.
Marruecos, una ruta a través de los coloresViajamos montados en dromedarios. El viento nos acompaña durante todo el camino, levantando arena que se nos pega por todo el cuerpo, pero el espectáculo que tenemos delante merece este pequeño suplicio. La caravana procede sinuosa por las anaranjadas dunas de Erg Chabb (la Gran Duna). Y como en cada lugar mágico que se precie, aquí también hay leyendas. Una versión cuenta que la Gran Duna se formó tras el castigo de Dios a una familia rica que no quiso ofrecer hospitalidad a una pobre mujer con su hijo. Por ello, su Dios les enterró bajo la arena. Otra historia cuenta de una tribu de piel oscura que vivían cerca de la zona y festejaban con gran jolgorio y comían couscous en abundancia. En cierto punto, la fiesta se transformó en batalla y el couscous, en una arma. Los habitantes se lanzaban la comida los unos a los otros, y ello hizo enfurecer a Dios, quien mandó una gran tormenta de arena que enterró al poblado. En ocasiones, si se está en la cima, se puede sentir el temblor que llega de las profundidades como si las almas allí enterradas se lamentaran por lo sucedido.
Nuestro campamento se erigía sólido en el horizonte. Tras una cena exquisita acompañada de música, baile y té … nos dormimos mirando a un cielo plagado de estrellas que brillan con todo su esplendor. Tampoco aquí conseguimos ver el amanecer porque el cielo seguía cubierto, pero el viento se había calmado y el viaje de regreso fue sereno y apacible.
Marruecos, una ruta a través de los coloresNuestra ruta nos llevará hasta Fez, un lugar donde los recuerdos son sinónimo de olores y colores. El fuerte olor proveniente de la zona de los curtidores de pieles, el olor a lluvia y piedra mojada. Vivimos un aguacero impresionante, que en pocos minutos inundó las calles de la medina y se llevó por delante todo lo que encontraba, mesas, sillas, babuchas, souvenirs de los puestos ambulantes… Fez es también color, el de sus mosaicos, hilados, alfombras, fuentes – donde los niños juegan a mojarse – y ese verde tan característico de sus tejados…
Marruecos, una ruta a través de los coloresDel verde pasamos a un tono de azul muy especial, el de Chefchaouen, también llamado la Perla azul, un pueblo situado en las montañas del Rif hacia el norte del país. Calles estrechas con pavimentos de mosaico en piedra y cerámica, la alcazaba, los lavaderos de ropa como antaño y las altas montañas de sus alrededores son visitas recomendadas aquí.
Desde aquí empezamos el regreso, primero en autocar hasta Fez y desde allí en tren hasta Marrakesh para tomar el vuelo hacia casa. Marruecos nos ha ofrecido aventura pura en un entorno mágico fuera de nuestra zona de confort.
Hasta pronto.

Lagom

Lagom

Periodista

2 Comentarios

  1. Menorca
    | Responder

    Muy bueno como todos tus artículos, yo también conozco ese maravilloso país, y también me sorprendió muy gratamente, gracias por tus post, esperaré por el próximo.

    • Lagom
      | Responder

      Muchas gracias Menorca! Siempre fiel a mis posts…. me consta que eres una viajera con mayúsculas 🙂 Un placer seguir compartiendo aventuras contigo.

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