No hay aprendizaje sin emoción

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aprendizaje sin emocion

A lo largo de mis veinticinco años como maestra, me he dedicado no sólo a transmitir conocimientos, sino también a educar a mis alumnos a ser mejores personas. Enseñanza y educación van de la mano y a mi modo de ver no existe aprendizaje sin emoción, si bien es cierto que en el proceso de educación los maestros sólo somos una parte. Colaboramos con las familias y, por tanto, escuela y familia hemos de trabajar en la misma dirección.

Otro elemento que considero imprescindible en la enseñanza y la educación es la motivación. En los inicios de mi carrera no prestaba excesiva importancia a este elemento ya que  estaba siempre presente, por regla general. En las diferentes escuelas en las que había trabajado, las familias se implicaban en la educación de sus hijos por cultura y valores. Éstas, además, inculcaban a sus hijos el valor y la importancia de la educación, al tiempo que colaboraban y favorecían el trabajo en el aula.

Niños en riesgo de exclusión

Hace unos años me asignaron una escuela situada en un barrio marginal. Un centro cuyas familias se encuentran en riesgo de exclusión, donde se mezclan diferentes culturas y los alumnos presentan muchas carencias, especialmente de tipo afectivo y emocional. Era la primera escuela que conocí en la que no había AMPA, lo cual me pareció sumamente extraño, dado que las familias ejercen un papel relevante en los centros. Fue en esa escuela donde se me rompieron los esquemas. al descubrir que la metodología que hasta entonces había seguido con éxito en el aula para llevar a cabo el proceso de enseñanza/aprendizaje, de repente no funcionaba.

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Motivación y pobreza

La motivación de las familias más vulnerables no tiene las mismas prioridades. Hablamos de familias con muchísimas carencias, carencias en vivienda, higiene, alimentación, sanidad, hábitos. Familias acostumbradas a sobrevivir, para las que llevar a sus hijos a la escuela implica que durante unas horas estén atendidos, puedan comer y no pasen frío. Pero que por diversas razones no están motivadas por la educación. Y si las familias no se sienten motivadas, es muy difícil que los alumnos lo estén.

Estos alumnos van a la escuela, no presentan interés por el aprendizaje y su nivel curricular está muy por debajo del que les corresponde por edad. Es entonces cuando te das cuenta de que antes que enseñar a leer, has de educar a saber ser y a saber estar, para enseñar a hacer.

Los maestros, por su parte, al ver que no obtenían resultados, se desanimaban. Cuando la motivación falta en toda la comunidad educativa, es preciso hacer cambios en la escuela que impliquen a todos los agentes: docentes, familias y alumnos.

Para las familias más vulnerables, llevar a sus hijos a la escuela implica que estén atendidos, puedan comer y no pasen frío

Cambios en la escuela

Ese año se dieron dos circunstancias: se renovó el equipo directivo y la plantilla de docentes adquirió estabilidad. Por lo que, tras el análisis de la situación de la escuela, nos propusimos promover el cambio. La escuela había estado durante muchos años cerrada al barrio y a las familias y había que conseguir que éstas participaran de forma activa.

A nivel de centro se decidió hacer un proyecto educativo basado en la intervención sistémica; es decir, en la implicación de la comunidad educativa y de los diferentes agentes y entidades del barrio en los diferentes programas y actuaciones de éxito que se implantaron en la escuela. Para ello, la formación del profesorado fue esencial.

Como docente, llegué a la conclusión de que para motivar a los alumnos en el aula es preciso ampliar conocimientos en cuanto a metodologías innovadoras (gamificación, trabajo cooperativo y ABP), gestión emocional y Tics, dado que estamos en la edad digital y nuestro alumnado forma parte de ella. Los maestros hemos de darnos cuenta de que tenemos un papel fundamental como educadores digitales.

Implantación de nuevas tecnologías

Con la implantación de la actuación de éxito “Formación de Familiares”, la motivación en las familias ha ido en aumento. Gracias a ella, damos respuesta a los intereses y necesidades de las familias y se ha producido un acercamiento y participación de las familias en la escuela. Como consecuencia, el alumnado valora muy positivamente que sus familias muestren interés por las actividades que realizan y por la escuela.

La combinación con otras actuaciones, como Grupos interactivos o Biblioteca tutorizada, con la implantación de nuevas metodologías y la innovación hace que el alumnado se motive por el proceso de enseñanza – aprendizaje, de manera que los resultados van mejorando y ahora mismo estén trabajando en el nivel curricular que les corresponde edad.

El aprendizaje y la emoción no son dos mundos separados

Cuando el equipo docente se implica en cada uno de los programas que se implantan en la escuela es porque está motivado. A lo largo de estos años llegas a la conclusión de que sin trabajo en equipo, sin colaboración ni reparto de tareas, es imposible que un proyecto de centro pueda funcionar.

Pero sobre todo, a lo largo de estos ocho años, me he dado cuenta de que se cumplen las teorías de neuroeducación, que defienden que el aprendizaje y la emoción no son dos mundos separados sino que van de la mano. Porque, en el proceso de enseñanza – aprendizaje, he comprobado que mis alumnos disfrutan cuando yo disfruto, que se entusiasman cuando yo me entusiasmo y que se emocionan cuando yo me emociono. Por lo que cada vez estoy más convencida de que no hay aprendizaje sin emoción.

Pilar Fernández

Profesora de Educación Primaria

Directora de Escuela Pública

Pedagogía Online

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