Quererte no es egoísmo

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Quererte no es egoismo

¿Eres fan de ti mismo? ¿Te dedicas el tiempo y el cuidado que te mereces? Quererte no es egoísmo ni implica posicionarse por encima de los demás, así que te animamos a no conformarte con las migajas de la felicidad y a ser coherente con tus valores personales.

La autoestima es el valor que te das a ti mismo, un valor que a efectos prácticos se traduce en la percepción que tienes de todos los aspectos que conforman tu persona y de los premios con los que te obsequias en tu día a día.

La seguridad en uno mismo se va adquiriendo en la juventud y se consolida entre los 30-40 años, etapa en la que sabemos discriminar entre lo que debemos aceptar y lo que podemos cambiar. Este proceso nos lleva hacia la madurez, que normalmente se alcanza a partir de los 45-50 años.

La influencia de la familia y el modelaje de la autoestima

Todos hemos vivido experiencias distintas en familias, culturas y lugares diferentes. La percepción que tenemos de nosotros mismos, de los demás y del mundo es personal, se gesta en la infancia y se modela poco a poco a lo largo de la vida. Primeramente en casa, nuestro “micromundo” y, posteriormente, a través de la escolarización y la entrada en el entorno laboral.

La contribución de la escuela

Ni la educación del pasado ni la actual contemplan la autoestima como pilar de la felicidad. De todos es sabido que en la escuela se producen situaciones que condicionan la manera de ser y la interacción social; especialmente en el caso de haber sido víctima de acoso escolar y no haber recibido la ayuda adecuada por carecer de un protocolo específico para el bullyng.

En ocasiones, no habrá sido necesario vivir estas experiencias aversivas, y el hecho de que se burlen de algún defecto o nos pongan un mote nos hará sentir cada vez más pequeños.

Puede existir acoso psicológico familiar por parte de algún familiar que nos ridiculice directamente a nosotros, o bien critique a los demás, comportamiento que nos enseñará que podemos ser juzgados duramente en esta sociedad.

Por todos estos y por otros motivos, no es muy difícil que nuestra autoestima vaya cayendo en picado, sobre todo en la adolescencia debido a los grandes cambios que desarrollamos, y que se mantenga en niveles bajos a lo largo de nuestra vida adulta.

¿Cómo nos afecta una baja autoestima?

Continuamente tomamos decisiones e interactuamos en situaciones en las que podemos destacar por nuestra iniciativa y comunicación empática o bien pasar desapercibidos y aceptar los planes de otros miembros del grupo. El hecho de atrevernos o no a conquistar a la persona que nos gusta, expresar nuestra opinión y preferencias, o negociar en una relación de convivencia condicionarán el resultado.

En el medio académico, creer en nosotros nos permite avanzar, interactuar con los compañeros y ejercer el papel que realmente deseamos.

En el terreno laboral,una persona segura es capaz de acudir a entrevistas, pedir aclaraciones sobre temas que le afectan (tareas, remuneración, etc.) y comunicarse con el equipo o superiores de forma efectiva, poniendo límites ante posibles acosos.

Cualquier persona que participe en actividades sociales se tiene que valorar para ser valorado y apreciado como persona coherente y segura. Si tenemos una buena autoestima podremos comportarnos con habilidades sociales y defender nuestros derechos con respeto también hacia los demás.

Aprovecha los buenos momentos para disfrutar y los que te hacen sufrir, para aprender.

Quererte no es egoísmo

Cuidado con los pensamientos negativos

Estos son algunos ejemplos de pensamientos negativos característicos que nos bloquean:

En el colegio ante un posible acoso: “No puedo decir nada, no debo hablar, soy distinto”, “No tengo ninguna solución”. Y si se tira la toalla, como en el caso de los “ninis”: “Para suspender, mejor me retiro y dejo de estudiar”

Ante problemas laborales: “Hago las cosas peor que mi compañero…” “¿Y si me equivoco?”, “Me acosa y no sé qué hacer”

En problemas de pareja: “Mejor me callo”, “No sé qué haría sin él/ella”, “Nadie me querrá”, “Tengo que aguantar”, “En el fondo tiene su lado bueno”.

En trastornos psicológicos asociados a la alimentación “Soy fea”, “Soy un desastre”, “No soy tan guapa como…” o trastornos depresivos: “No merezco ser feliz” “Soy culpable de…” y/o de ansiedad: ¿Y si no puedo llegar a…?”, “Seguro que a mí me sale mal”, etc.

Perfeccionismo: “No tengo buen tipo”, “Si tuviera otras piernas”, “Mi trabajo aún no está bien”, “Hasta que no esté como me gusta…”

Problemas sociales: “No le intereso a nadie”, “Nadie me pregunta”, “No me llaman”.

Aparca el “tener” y persigue el “ser”. Un ser que siente y vive con coherencia y es cada vez más libre del miedo al juicio propio y de los demás.

Un modelo de sociedad que nos enferma

Ante una sociedad que genera competitividad y continuamente nos enseña a compararnos con otros, donde prima el dinero y no los valores ni los derechos humanos, nos queda posicionarnos y empoderarnos con nuestra seguridad, sabiendo que tenemos a nuestro alcance recursos para generarnos el bienestar que nos merecemos.

Pregúntate para reflexionar

  • ¿Hay algún sueño que no has podido realizar?
  • ¿Cuántas veces has dejado de hacer algo porque no era correcto o no te lo merecías?
  • Después de esfuerzo y dedicación, ¿te premias?
  • ¿Eres previsible?
  • ¿Analizas demasiado tus sentimientos?
  • ¿Te da vergüenza que te hagan un cumplido?
  • ¿Te justificas ante tus cualidades o logros?

Enamórate cada vez más de ti, vive con alegría, motivación y entusiasmo.

Cómo mejorar tu autoestima

  • Ten una actitud de confianza y compórtate como una persona segura (manera de caminar, postura, tono de voz, etc.)
  • Plantéate objetivos realistas adecuados a tus posibilidades potenciales y gestiona los plazos.
  • Repasa tus puntos fuertes (cualidades, aptitudes) y tus logros (lo que has conseguido)
  • Refuérzate con actividades que te gusten, ya sea en solitario o en compañía.
  • Selecciona a las personas que te convengan (que te hagan crecer de forma constructiva)
  • Detecta frases negativas hacia ti o hacia tus sueños y neutralízalas con alguna afirmación (bien sea encubierta o explícita)
  • Compárate sólo contigo (cada uno es distinto, especial y único)
  • Antes que nada, eres persona.
  • Implícate en una sociedad mejor, que contemple el bien común.
  • Aparca el “tener” y persigue el “ser”. Un ser que siente y vive con coherencia y es cada vez más libre del miedo al juicio propio y de los demás.
  • Por estos motivos, quererse no es egoísmo y no significa posicionarse por encima de los demás, sino apreciarse, quererse, valorarse y trabajar hacia la madurez, siendo coherente con los valores personales.
  • Quererte es pensar bien de ti, no juzgarte, perdonarte los errores, no culparte (sí responsabilizarte), verte guapo/a porque resaltas tus cualidades y minimizas tus imperfecciones, premiarte con detalles como harías con tu enamorado/a, saberte eficaz en tu terreno y aceptar que no lo sabes todo, pero sí que sabes lo que te motiva.
  • Siéntete cada vez más seguro/a de que pisas con más fuerza que ayer y disfruta de cada paso sin angustiarte por lo que aún no puedes tolerar ni soportar, ni por lo que aún no has conseguido.
  • Enamórate cada vez más de ti, vive con alegría, motivación y entusiasmo, disfrutando de los buenos momentos. En los no tan buenos, no te rindas al primer intento, sino date tiempo para aprender y actú en la medida que puedas cuando quieras.

Teresa Morali Ferre. Psicóloga online

Teresa Morali

Especialista en Psicología clínica Col. 4682 Copc

Psicólogo Online

 

Un comentario

  1. […] más amor propio, más capacidad de decisión para que apostemos en cada momento de nuestra vida por lo que […]

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