Resolver conflictos entre hermanos

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Resolver conflictos entre hermanosEl conflicto es natural en la vida. Y educar y crecer desde esta premisa facilita un mejor desarrollo de los propios recursos y ayuda a adquirir un mecanismo de aprendizaje que, más adelante, servirá para que nuestros hijos resuelvan los retos de su propia vida.

La comunicación es la herramienta clave a nuestro abasto para cuidar nuestra relación con los hijos. Un tono de voz afectuoso y unos mensajes claros, incluso a veces contundentes, siempre desde el respeto, ofrecen espacio a un diálogo abierto donde todas las opiniones pueden ser válidas y es posible buscar la más acertada entre todos.

Como padres y educadores, contribuimos con pequeños mensajes cotidianos que serán espejo de sus comportamientos futuros. En una primera infancia, nuestros hijos aprenden a relacionarse y a compartir con compañeros. A partir de los 7 años, empiezan a compararse y a descubrir un entorno más amplio, en el que, en buena medida, se marca el listón de la propia autoestima. Un auto concepto que adquirirá gran relevancia en la adolescencia, etapa en la que los afectos giran en torno a los que les rodean, se desarrolla el pensamiento abstracto y se empiezan a cuestionar los grandes “qués” de la condición humana. El conflicto estará a flor de piel y haber construido un entorno de diálogo y acercamiento facilitará el paso a través de los obstáculos propios de esta etapa. Y, en todo caso, nunca es tarde para reforzar un vínculo…

Para resolver conflictos entre hermanos, es preciso enseñarles a establecer negociaciones en las que todas las partes salgan beneficiadas.

Otra práctica que resultará sana y efectiva es acostumbrarnos a considerar el error como una oportunidad de aprendizaje y el perdón, como un ejercicio que nos acompaña, por el simple hecho de ser humanos imperfectos y con derecho a equivocarnos.

En detalles cotidianos, podemos transmitir valores, como el respecto, o habilidades de inteligencia emocional, tales como la empatía. De esta manera, será más fácil que un niño observe la diferencia como un factor de riqueza y optimice la también natural capacidad de aprendizaje para adquirir una dinámica de crecimiento continuado como persona. Con todo ello, y en pequeñas pinceladas, construiremos el día a día.

Y para entrenarlos en la resolución de conflictos de un modo eficiente, ofrecemos la propuesta de que nuestros hijos establezcan una negociación, donde todas las partes puedan sacar algún pequeño provecho y el mínimo de renuncias posibles. Porque donde hay grandes ganadores, suele haber insignificantes perdedores, un rol que nadie desea. Que nuestros hijos logren este reto, solos, será un buen regalo para su autoestima y sus habilidades sociales. Habilidades que les permitirán construir unas amistades más sólidas y sanas, apoyados por unas relaciones familiares de confianza, donde con toda seguridad podrán madurar felices.

Cristina Ramírez

Cristina Ramírez

Psicóloga sanitaria Col.11230

Psicólogo familiar

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