Segundas familias con hijos

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Segundas familias con hijos
Segundas familias con hijos

De un tiempo a esta parte ha aumentado significativamente el grupo de personas separadas de una primera relación, que se emparejan con otras que provienen de uniones anteriores, con o sin hijos. Estas nuevas relaciones son conocidas como segundas familias. 

Existe un gran número de parejas que toman la decisión de poner fin a su relación. Este hecho, muy importante y generalmente doloroso para todos los implicados, toma matices diferentes cuando hay hijos.

Es importante tener en cuenta que la separación se produce entre los cónyuges, y no de los hijos o de la familia más extensa, por lo que mantener los vínculos con abuelos, tíos, primos, etc. disminuirá en los niños el sentimiento de pérdida del mundo al que pertenecían hasta ese momento.

La separación de los padres es un cambio que afecta mucho a la vida de los niños y sucede a menudo que se sienten culpables al pensar que han provocado la separación. Por ello es preciso hablarles con mucha sinceridad, con un vocabulario ajustado a cada edad y explicarles que ellos en ningún caso son responsables de las decisiones de los adultos. En este sentido, también les tranquilizará saber qué sucederá a partir del momento de la separación y cómo los padres organizarán sus cuidados. Para ellos, su familia sigue estando formada por su padre y su madre, aunque no vivan juntos.

Es muy frecuente que las personas que se separan rehagan su vida junto con nuevas parejas y que éstas, a su vez, tengan hijos de relaciones anteriores. Este hecho puede cambiar de nuevo el mundo del niño. Tengamos en cuenta que la entrada en la familia de un nuevo miembro, ya sea padrastro, madrastra o hermanastros, desencadena sentimientos complejos y contradictorios.

Segundas familias con hijos
Segundas familias con hijos

 

El proceso de adaptación a las segundas familias no siempre es fácil y requiere su tiempo, por lo que es saludable crear un espacio para que todos los miembros expresen sus incertidumbres, miedos y preocupaciones.

En los hijos de ambas partes surgen dudas e inquietudes: ¿cómo van a ir las cosas?, ¿habrá cambio de domicilio?, ¿podremos estar con nuestro padre y/o madre como antes?, ¿nos prestarán la misma atención?, o ¿nos querrán del mismo modo?…

Los padres por ambas partes suelen esforzarse para que la adaptación se lleve a cabo de la forma menos traumática posible y desean que la segunda familia quede constituida a la mayor brevedad. Sin embargo, el proceso de adaptación a las segundas familias no siempre es fácil y requiere su tiempo, por lo que es saludable crear un espacio para que todos los miembros expresen sus incertidumbres, miedos y preocupaciones. Si este proceso se realiza de forma rápida, es probable que aspectos muy importantes queden encubiertos y sean problemáticos en el futuro.

Segundas familias con hijosSegundas familias con hijos 

A la relación que tengan los adultos con los hijos de su pareja, se añade la complejidad de la relación que se establece entre los niños de cada miembro de la pareja. Si entre hermanos ya puede ser complicada, en las segundas familias aún lo es más.

Para favorecer el proceso de adaptación, es preferible no presionar a los hijos, dejar que se vayan conociendo poco a poco, permitir que expresen sus quejas, que las tendrán y muchas, escucharles con respeto y no desvalorizar su opinión, porque en esos momentos se sienten muy vulnerables.

Estar atentos a las emociones que se generan en nuestros hijos y ayudarles a entenderlas no quiere decir que puedan decidir sobre las parejas de los padres.

Segundas familias con hijos
Segundas familias con hijos

Los hijos que se encuentran en estas circunstancias han de renunciar, por un lado, al estilo de relación que tenían cuando no estaba la nueva pareja y, por otro, al anhelo que siempre existe de que los padres vuelvan a unirse.

Cuando en una familia alguno de los adultos o los dos tienen hijos de parejas anteriores y comienzan una nueva relación, la expresión de los sentimientos puede adoptar diferentes formas.

Es posible que los hijos muestren grandes reticencias hacia la nueva pareja del padre o de la madre, generalmente porque consideran que no es su padre o madre auténtica, pero en ocasiones también porque sienten que la nueva pareja es mejor que el padre o la madre biológica y ello les despierta sentimientos de culpa y confusión.

En ocasiones, sucede también que los sentimientos de hostilidad que el hijo tiene hacia su padre o su madre y teme expresar, los dirija hacia el sustituto; es decir, hacia la nueva pareja. Este hecho variará en función de la edad de los hijos. Para los niños es más fácil pensar que el mundo se organiza en “buenos” y “malos”. Así, las nuevas parejas serán los “malos” y el padre o la madre asumirán el lugar del “bueno”. De este modo, los niños evitarán los sentimientos de ambivalencia, cuya comprensión les resulta mucho más difícil.

Es evidente que las actitudes que adoptan los hijos resultan muy duras tanto para los padres como para las nuevas parejas, ya que hieren muchas sensibilidades.

Segundas familias con hijos
Segundas familias con hijos

Es preciso escuchar lo que los hijos tienen que decir sobre las segundas familias y dar sentido a sus pensamientos.

Cada familia es diferente, pero es muy común que aumenten los sentimientos de inseguridad y de incertidumbre cuando se producen cambios tan sustanciales que afectan a la organización familiar. En este sentido, será fundamental explicar la situación y poner palabras que ayuden a disminuir el estrés que generan las segundas familias.

Cuando los dos miembros de la pareja tienen hijos, existe el temor de que la relación biológica sea la prioritaria. En el caso de que uno de los miembros no aporte hijos a la segunda familia, la edad de los hijos influirá en el papel que ejerza la nueva pareja. Con hijos adolescentes se hace muy difícil la integración del nuevo miembro; en cambio, si el hijo es pequeño es muy importante hablar con la pareja sobre cuál va a ser su papel con relación al niño.

Siempre hay que aclarar al niño que él tiene su padre y su madre y que la nueva persona en ningún caso suplantará a ninguno de ellos.

Si la nueva pareja decide tener un niño, los hijos de los anteriores cónyuges sentirán innumerables inquietudes cuando vayan a casa del otro progenitor y observen que su hermano/a se queda con su mamá o papá y se harán preguntas como: ¿qué harán sin mí?, ¿me echarán de menos?…

Estemos atentos a estas preocupaciones, porque es probable que no las formulen y que, en cambio, les percibamos inquietos y quejosos. Escucharles con atención será tranquilizador para ellos.

Mª Victoria Rama Hernández. Psicólogo online

Mª Victoria Rama

Col. Nº 11543 COP
Psicóloga clínica especializada en patologías de la infancia y la adolescencia

Psicólogo familiar

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