Mi tatarabuelo fue a Cuba

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Mi tatarabuelo fue a Cuba¡No se vaya, Padre! ¿Qué voy a hacer sin usted?

—Tía la cuidará. Necesitamos dinero. Cuando llegue a puerto, lo primero que voy a hacer es llamar, aunque sabe que será difícil. Pero, hijita, no se preocupe si no sabe nada de mí. ¡Pronto recibirá la postal más bonita que haya visto nunca! ¡Lo prometo!

—¿Padre, jura que lo hará?

—Claro, hija. No podría olvidarme de una niña tan guapa y atenta como usted.

Padre embarcó en un mercante hacia Cuba. Él era un barbero sin oficio ni beneficio que, a causa de la guerra, se había quedado sin trabajo. En el barco sería uno de los encargados de echar carbón en las calderas; carbonero y, de paso, raparía cabezas y barbas para que no se colara ninguna liendre a bordo. Necesitaba ganar dinero. Su intención era ahorrar lo suficiente para que le sonaran las monedas en los bolsillos y poder pagar unos estudios a su hija. Ella se había empeñado en ilustrarse en corte y confección, ya que le gustaban los vestidos de las mujeres que posaban en las revistas que llegaban del extranjero.

La esposa del barbero había muerto de una dolencia del corazón. Hoy en día el mismo mal no está considerado ni siquiera una enfermedad, ya que con un simple tratamiento sanas.

En el puerto, la hija observó como Padre desaparecía por una escotilla alzando el brazo. Ella lloró, secándose las lágrimas con un pañuelo, mientras observaba desvanecerse el humo de la chimenea por el horizonte. Cuando sólo quedó un pequeño perfil entre el infinito y el océano sintió un gran vacío. Pensó que todo aquel largo adiós no había sucedido. Su tía la abrazó y fueron hacia su hogar, que estaba situado cerca de allí, en la parte baja de la ciudad, donde rateros, borrachos y mala gente convivían con las ruinas que la guerra había dejado al azar por todo aquel barrio; antes nombrado Barrio Rojo, por la sangre que se derramaba allí.

Padre no volvió y nada se supo de él.

En el puerto, la hija observó como Padre desaparecía por una escotilla alzando el brazo. Ella lloró, gesticulando las lágrimas con un pañuelo, mientras observaba desvanecerse el humo de la chimenea por el horizonte

Ella se casó muy joven con un mozo del barrio que recogía chatarra con una carretilla para luego venderla a peso. Una vez en matrimonio, con ayuda de su marido y los escasos ahorros de su tía pudo cursar corte y confección y en la pared de la habitación en la cual zurcía y planchaba colgó un diploma bordado a mano con el año del inicio y fin de los estudios y un recorte de un periódico con la fotografía de un barco.

Allí empezó toda la odisea del tatarabuelo; en la fotografía del barco que se alejaba de la costa.

—Marido, Padre embarcó y nunca más se supo de él. Era el mejor barbero de la ciudad. ¡Marido, estoy segura de que le hubiera gustado! El pobre debió enfermar y morir. No sabemos muy bien lo que pasó. Tía dice que era una gran persona, un hombre con mucho carácter y negociante. Yo sólo tengo un recuerdo de él. El día que se fue.

Pasaron pocos años…

—¿Marido, nunca le he dicho que Padre embarcó hacia Cuba para abrir negocios? Mire, en este barco partió. ¡Ahora he recordado todo lo que me explicó! Quería abrir barberías por las Américas. Hubiera sido un gran empresario. Se debió morir joven porque sólo envió una postal. ¿Verdad, Tía? ¡A ver si la encuentra para que Marido la vea! Pobre Padre. Antes morían por nada. ¡Recuerde lo que le pasó a Madre! Marido, por cierto, mañana viene una amiga a tomar el té.

Trascurrió un día…

—¡Querida amiga, mi padre fue capitán de un barco mercante! ¡Y todo empezó porque quería abrir barberías en las Américas! Se dirigió a Cuba para abrir más negocios allí, pero como era un hombre muy espabilado empezó a comprar objetos de mucho valor para luego venderlos. Tengo la fotografía de su primer barco. ¡Mire, la tengo en el dormitorio del niño. Venga y mírela. ¿Nunca se lo dije? He encontrado la primera postal que me envió. ¡Es ésta!

—Parece muy nueva.

—Sí. La guardo como un tesoro.

Unos años más tarde…

—Hijo, mi padre, tu abuelo, que en paz descanse, tenía una flota de barcos mercantes. Fue el capitán del más grande que has visto jamás. Allí en ese marco tienes su primer barco con la entrevista que le hicieron. Está en el dorso pero no te la puedo mostrar porque Tía pegó la hoja con cola y, si la intento despegar, la rompería. ¿Verdad que era enorme? ¡Como el Titanic! Se fue a dar la vuelta al mundo para atender sus negocios. Quería hacer las Américas para traer todo tipo de géneros al país y luego venderlos. Me enviaba postales y cartas con montones de monedas y billetes de los lugares que visitaba. ¿Verdad, Tía? Yo soñaba que estaba junto a Padre en todos esos países.

Otros años más… Tía vivía con ellos y, anciana, cuidaba de sus dos pimpollos.

—Sí, niños, Madre dice la verdad. Vuestro abuelo era un aventurero. Tenía una flota de barcos y navegaba por todo el mundo. Cuando llegaba a puertos exóticos nos enviaba postales, monedas y muchas fotografías. ¡Con la cabeza que tengo, creo que en el traslado lo perdí todo! En esa época, tener cámara fotográfica era un tesoro. Él coleccionaba muchas de ellas, también de cine, y las guardaba en uno de sus yates. Su camarote era tan grande como esta casa. Se fue a hacer las Américas. Allí empezó a codearse con políticos y todas las gentes ricas; de la alta sociedad. También nos enviaba regalos de todos sus viajes. Hasta tenía un aeroplano solamente para su uso. ¡Tengo la fotografía! No sé dónde lo habré dejado…

Tía sacó del cesto de la costura un recorte de una revista, plastificado, donde había fotografiada una aeronave; en su lateral, estaba plasmado el logotipo de Correos Nacionales de Caracas. Parecía que lo habían intentado borrar con una goma.

Tía sacó del cesto de la costura un recorte de una revista, plastificado, donde había fotografiada una aeronave; en su lateral, estaba plasmado el logotipo de Correos Nacionales de Caracas

Algunos más…

—¿Mamá, el abuelo era muy rico porque tenía una flota de barcos? ¿Viajaba por todo el mundo para comprar tesoros y traerlos aquí? ¡Era el mejor empresario que ha existido nunca! Compró casas y terrenos en todos los países que viajó y hasta tenía un pedazo de selva donde decían que había montones de oro. ¿También tenía aviones y se hizo amigo del Presidente de Venezuela? ¿Que cada vez que llegaba por mar o aire a ese país, un coche presidencial le esperaba para llevarle al Palacio porque se hizo amigo íntimo del Presidente? ¡Se pelearon y se construyó su propia mansión al costado de la Casa Presidencial! Su mansión sale en las enciclopedias. ¡La he visto! ¡Mira, mira! ¿Es ésta, Madre? Era la más grande de la cuidad, más que el Palacio Presidencial. Ahora es donde se reúne el Gobierno. ¿Pasaron de ser amigos a enemigos? ¡El Presidente lo mandó matar porque sabía demasiadas cosas! ¡Y le quitaron todo! ¡Esos de Venezuela le robaron todo! ¡De mayor quiero ser como el abuelo! ¡Era un aventurero! La prima de la tía me ha dicho que lo que me pueda explicar es poco. ¿Es cierto, mamá?

—Sí, todo es cierto. La tía, que en paz descanse, me lo explicaba porque hablaba con él continuamente. Se gastaba fortunas para hablar con nosotras. El teléfono antes no era como ahora. Llamaba por las noches cuando yo dormía.

Pasaron muchos años y…

—Hijo, tu tatarabuelo era uno de los hombre más ricos del mundo. El segundo más rico. Luchó toda la vida para tener la mayor fortuna hasta que el Gobierno de Venezuela le expropió negocios, cuentas bancarias, todas sus casas y hasta su colección de coches. Nos dejaron sin nada. En aquellos años, los negocios estaban en el aire porque después de las guerras había mucho que hacer. Era un auténtico emprendedor. Se movía por el mundo como si fuera un pequeño barrio. Había empezado con un barco, luego tuvo una pequeña flota de mercantes y acabó con la mayor compañía de cruceros del mundo. Esos de Venezuela se la vendieron a unos italianos. Fue el primer particular en tener una compañía aérea de correos. Se llamaba Correos de Caracas y luego fundó Vuelos & Co. El primer avión que tuvo es el del cuadro que está en el salón, junto al viejo recorte del periódico del barco. Lo pintó un gran artista. Era el más famoso de la época y tu abuela me lo regaló, que en paz descanse. También tengo la fotografía. Es muy vieja y la tinta está borrada por los años. Alguien la plastificó. Está fatal. Después te la enseño… ¡El tatarabuelo fue ministro de Venezuela y mano derecha del Presidente! Allí está su tumba. Sus huesos descansan en el Mausoleo Presidencial. El Presidente quiso que lo enterraran allí. Se cree que él mismo lo hizo asesinar porque el tatarabuelo era el hombre más poderos e influyente del mundo. Dicen que el Presidente murió loco y de pena por lo que había ordenado. Ahora descansan los dos juntos, uno al lado del otro. Seguro que están haciendo algún negocio con Dios.

Àlex Voltá

Escritor y pintor

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