TDAH, trastorno de hiperactividad en niños

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Habitualmente, acuden a consulta familias preocupadas por tener que afrontar un probable diagnóstico de TDAH en sus hijos. Y como en otros momentos en los que se debe gestionar el sentimiento de incertidumbre, la situación puede resultar agobiante para los adultos y asfixiante para los pequeños desde el momento en que empieza a revolotear la palabra “mágica” de los últimos años, imbatible en datos crecientes entre las nuevas generaciones.

De todos los posibles casos de TDAH detectados, sólo una pequeña proporción requiere apoyo médico y farmacológico, al tratarse de una fisiología que lo necesita para reequilibrar sus circuitos neurológicos. En los casos de una medicación prolongada, los trastornos de comportamiento asociados y la hiperactividad remiten progresivamente.

Tanto en estas situaciones como en las que no se requiere medicación, un factor de cambio decisivo es la adquisición de estrategias que permitan poner en práctica nuevas respuestas más adaptativas y funcionales.

Cabe destacar, también, la alta incidencia de otros posibles casos detectados inicialmente, en especial en el entorno escolar, que en realidad pueden mejorar considerablemente si incidimos en algunos factores del entorno. De esta manera, se puede facilitar una mejora en la sintomatología si se debe a factores estresantes o emocionales.

Algunos posibles déficits de atención camuflan otros tipos de trastornos de aprendizaje altamente recuperables. El acompañamiento que se aplica para ellos, según el momento emocional y nivel académico de los menores, se centra en el desarrollo de elementos cognitivos, como la atención sostenida o la memoria, así como en el refuerzo de los aspectos requeridos y el entrenamiento de buenos hábitos de estudio.

Algunos posibles déficits de atención camuflan otros tipos de trastornos de aprendizaje altamente recuperables

Valorando los resultados de las intervenciones, los procesos de acompañamiento integrados funcionan con importantes avances y un alto impacto positivo en la evolución del niño. Se trata de una intervención de psicología, con un seguimiento coordinado con el centro escolar, y de un trabajo de refuerzo del vínculo afectivo en la familia. Es una tarea en equipo donde la implicación de familia, psicólogo y escuela son una buena garantía de éxito.

Desde casa, podemos cuidar algunos factores ambientales que favorezcan una mejora: estar atentos a regular nuestro ritmo y estilo comunicativo en los momentos que compartimos con los niños, conectar desde su mundo, dar oportunidad a espacios de diálogo y juego compartido… Todas estas estrategias estarán encaminadas a asegurar que esa hiperactivación de los niños se atenúe en todo lo que está a nuestro alcance. Y por supuesto, nos dará la oportunidad de disfrutar desde otra perspectiva, sin prisas ni presiones para nadie.

Cristina Ramírez

Psicóloga sanitaria Col.11230

https://www.happysoul.cat

Psicólogo infantil

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